
Alabanza de corazón
4 noviembre 2021
Palabras de Vida
4 noviembre 2021
“Oren también por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas, que con denuedo hable de Él, como debo hablar.” Efesios 6:19-20
Hace unos años, viajábamos con nuestro equipo en Rumanía a una de las más grandes prisiones para mujeres en la ciudad. Nuestro
equipo ha estado trabajando con esas mujeres por muchos años. Al llegar tuvimos que pasar por muchos portones y puntos de control
de seguridad al mando, generalmente, por las prisioneras. Se nos pidió que dejáramos los teléfonos e identificación en la puerta de entrada ya que no se nos permitía tomar fotos de nuestro trabajo o de las mujeres en la reunión.
Fue muy impactante cuando los guardias nos conducían a través de cada sección de la prisión hasta llegar al salón donde nos reuniríamos con las mujeres. Mientras esperábamos y orábamos por nuestras presentaciones, más de 100 mujeres llegaron al salón. Era una reunión semanal regular y las mujeres estaban ansiosas de conocer a las visitas de EE.UU., Alemania y Finlandia. Mujeres de edades entre los 19 y los 70 años de edad sentadas ahí juntas en la prisión, charlando y compartiendo sus vidas. Nuestra reunión duró por unas pocas horas, todas las participantes sentadas en una pieza sin baño o sin manera de escapar. Los guardias estaban siempre presentes en cada puerta.
Cuando comenzamos nuestras presentaciones, nuestro equipo compartió testimonios personales de la gracia, misericordia y esperanza en Dios. Recuerdo que estuve sentada al lado de una hermosa mujer que tenía tan sólo 19 años de edad. Durante una de las presentaciones, pude ver sus ojos llenos de lágrimas durante el tiempo que escuchaba las historias. Su tiempo en la prisión estaba llegando a su fin, y ella sería puesta en libertad en solo una semana. Mientras escuchaba los testimonios de la gracia y el perdón de Dios, ella me pidió que orara. Estaba buscando la protección de Dios en el mundo al que estaría entrando la semana siguiente. Mientras orábamos, fue de gran bendición el verla encontrar algo de esperanza y ver que en aquel día, ella estaba sintiendo la presencia de Dios en su vida de una manera muy real.
Cada una de nosotras tenemos una singular historia sobre la gracia y la misericordia de Dios. Lo supe cuando se me pidió que contara mi historia de libertad, esperanza y sanidad. Aún me preocupa que mis oyentes no escuchen de los milagros y de la verdad de Dios
en mi historia, e incluso que no vallan a escuchar sobre la devastadora realidad de pecado, abuso sexual, orgullo y mi temor a la muerte. Debo admitir que personas bien intencionadas me han sugerido que no incluyera ciertas partes dolorosas de mi historia,
porque esas partes pueden incomodar a las oyentes. Son esas partes de mi historia, sin embargo, que han tenido el más grande impacto sobre muchas mujeres que están caminando por el mismo sendero y sintiéndose muy solas. Nunca sabemos cuándo o cómo
Dios usará nuestras historias personales de esperanza y sanidad en Jesús.
¿Cuál es tu historia? ¿Cómo te ha liberado Dios de la prisión del orgullo, avaricia, o temor?
No temas compartir tu historia sabiendo que hay algo en tú historia que le dará a otros, esperanza para hoy.
Podemos alabar a Dios este mes que su amor es sin fin, pródigo y el mismo ayer, hoy y por siempre.
Alaba a Dios que te ha dado tu historia de esperanza y sanidad en Jesús.
En Él nuestros corazones se regocijan

