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Hablamos hoy acerca de esa difícil relación que a veces se da entre una suegra y una nuera. Vimos el consejo de una mujer que estaba a punto de realizar su boda. Ella se prometió a sí misma ser una buena nuera en agradecimiento a la madre de quien sería su maravilloso esposo y a quien esa madre había criado con tanto amor. Me pareció una excelente idea de esa joven mujer que a sus 20 años empezó la desafiante carrera de su matrimonio que aún después de más de 50 años permanecen unidos.
¡Qué desafío impresionante! Más de 50 años de vida juntos en el matrimonio y aún continúan compartiendo la vida bajo el mismo techo y con mucho amor. Te preguntarás cómo lo están logrando o quizás tú también lo estás viviendo.
La Biblia – La Palabra de Dios, es una fuente de sabiduría. Siempre contiene respuestas prácticas para los desafíos de la vida. El Profeta Isaías escribió lo siguiente:
“¡Qué hermosos son sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: Tu Dios Reina!”
Isaías 52: 7
Estarás pensando: “¿Qué tiene que ver esto conmigo, y con mi relación de suegra y nuera?” Mirémoslo más estrechamente… Lee otra vez esas palabras: “Qué hermosos son sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas, del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias; del que proclama la salvación, el que dice: Tu Dios Reina.”
Si eres una suegra o una nuera y se juntan para compartir, ¿tienen una buena conversación? ¿Hablan de buenas noticias y de otras cosas positivas? ¿Hablan acerca de Dios y de lo que Él está haciendo en sus vidas? ¿O están concentradas en noticias negativas y no tan buenas? Es más fácil ponernos a la defensiva y decir: “Yo soy así, no puedo cambiar. ¡No es asunto tuyo!”
Es difícil aceptarnos unas a otras algunas veces, pero no podemos dar amor si no lo tenemos. El amor genuino es un regalo de Dios. Si humildemente confesamos nuestras faltas y le pedimos perdón a Dios y que nos cambie, Dios comienza a amar a través de nosotras. ¿Estás dispuesta que el Señor lo haga a través de tu vida?
Pensemos en algunos importantes principios a tener en cuenta en nuestro diario vivir:
Primero: No aceptes en tu corazón celos y envidias, tampoco un espíritu de competencia por el amor del hijo si eres la suegra, o de tu esposo si eres la nuera. Comprende y acepta la diferencia que existe entre el amor de un hijo por su madre, y el amor del esposo por su esposa.
Segundo: Una madre inteligente permitirá y aceptará que su hijo ya crecido debe ser libre para continuar su vida. Se dice que debemos ayudar a nuestros hijos para que tengan raíces y sepan que pertenecen a una familia y a una buena manera de vivir, pero luego debemos permitirles crear alas para que puedan volar por sí mismos y comenzar su propia vida porque las madres no estaremos para siempre junto a ellos. Dios nos presta hijos por un poco de tiempo. Cuando ellos se casan, debemos dar un paso al costado y dejarles junto a su esposa seguir creciendo en amor y construir su propia familia.
Tercero: Debemos aprender a aceptar nuestras diferencias. Ser diferente no significa estar equivocado. Mi opinión o mi manera de pensar no es la única que cuenta. Debemos respetar a otros a pesar de las diferencias y descubriremos que puede ser divertido y bonito.
Cuarto: Debemos pedir perdón a Dios por todos nuestros egoísmos y falta de amor. Cuando Dios reina en nuestro corazón, podremos comenzar a hablar palabras que traigan paz, sabiduría y amor a nuestras relaciones familiares. Todo el ambiente en el hogar y en la familia se transforman y hay risas y hay alegría porque el Señor nuestro Dios reina. En este tiempo en que nuestro mundo, nuestra sociedad está enferma, necesitamos cultivar un ambiente de amor de paz y de alegría por nosotros y por nuestros hijos para que se críen sanos en cuerpo y alma.
Si eres una suegra o si eres una nuera ¡Qué clase de familia te gustaría tener? Por tu manera de actuar mucho podrás hacer para lograr tener una buena familia.
No sé qué clase de familia tienes, pero estoy segura que Dios nos colocó en diferentes familias con un propósito especial. Vive de tal manera que tus hijos siempre quieran volver a estar contigo. Lee el recuerdo que tenía este hijo (de nombre H. R. Bishop) acerca de su Hogar y lo expresó por medio de este poema:
Hogar de mis recuerdos, a ti volver anhelo;
No hay sitio bajo el cielo, más dulce que el hogar.
Posara yo en palacios, corriendo el mundo entero,
A todos yo prefiero, mi hogar, mi dulce hogar.
Allí la luz del cielo desciende más serena;
De mil delicias llena, la dicha del hogar.
Allí las horas corren más breves y gozosas,
Allí todas las cosas recuerdan sin cesar.
Más quiero que placeres- Gozar en tierra extraña
Volver a la cabaña de mi tranquilo hogar.
Allí los pajaritos, me alegran con sus cantos;
Allí con mil encantos, está la luz de paz.
Mi hogar, mi dulce hogar
No hay sitio bajo el cielo
Más dulce que mi hogar.
Pensando en este hombre y su poema escrito hace mucho tiempo nos lleva a creer que su niñez y juventud tienen que haber sido años de felicidad. Siente en su corazón el deseo de volver y recordar cada rincón de ese hogar, tratando de sentir los aromas de la cocina de su mamá, recorrer los alrededores de la casa donde habrá jugado con hermanos y amigos, y la mesa de herramientas donde su padre se entretenía arreglando cada cosa necesaria para la vida familiar.
¡Cuántos recuerdos hermosos guardaba aún en su mente! Esos recuerdos de la niñez y la adolescencia que jamás pudo olvidar.
Si eres suegra quiere decir que tienes una nuera y si tienes nuera tienes nietos. ¿Cómo vas viviendo y transitando cada etapa de tu vida? Pídele a Dios ser una bella y virtuosa mujer, humilde y sencilla, una mujer de paz como hemos leído en el profeta Isaías 52:
“¡Qué hermosos son sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz; del que anuncia buenas noticias … del que dice: Tu Dios Reina.” Amén

