
La amargura y el resentimiento
24 febrero 2022
Quemaduras – Sufrimiento
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Estuvimos hablando acerca de la amargura y el resentimiento. La amargura no resuelta es un sentimiento que se anida en lo profundo de nuestro corazón y si nos descuidamos puede acompañarnos toda nuestra vida y hacernos personas amargadas hasta la muerte. Hay un antiguo proverbio que dice lo siguiente: “El que se acuesta con ira y enojo tiene al diablo como compañero de lecho.” Hay cosas que nos suceden cada día que nos hacen enojar. La Biblia dice que son oportunidades para que Satanás aproveche a conducirnos a malas reacciones. Por eso la Biblia nos advierte que no demos lugar al diablo, ni se ponga el sol sobre nuestro enojo.
Tú y yo lidiamos con pequeños inconvenientes cada día en nuestras vidas. Problemas que aparentemente son superficiales como nuestro carácter, nuestro temperamento; problemas de relación con alguien o una apatía en que no mostramos interés en cosas ni en personas. Otras veces nos sentimos celosas de cómo le está yendo a una amiga o un familiar. Pero no vemos que estos problemas superficiales pasen a ser problemas del corazón.
Mi problema del corazón y el tuyo, es que muchas veces escogemos nuestra propia manera de vivir por encima de lo que Dios tiene planeado para nosotras. Queremos servir a nuestros propios propósitos en vez de servir a los propósitos de Dios. La Biblia claramente llama a eso pecado.
Pecado es cuando escogemos ir por nuestros propios caminos, fijar nuestros propios límites, hacer nuestras propias reglas de vida.
Pero hay esperanza, porque cuando Jesús murió en la cruz y resucitó ganó la batalla sobre la muerte. Pagó el castigo que merecíamos y el castigo por el pecado es la muerte, es decir, una eterna separación de Dios y de todo lo que Él es: su amor, misericordia, gracia, bondad, perdón.
¿Puedes imaginar lo que será una vida eterna completamente lejos de su amor y bondad?
Jesús rompió para siempre el poder del pecado. Cada vez que pecamos somos atrapadas en lo que hacemos porque hemos escogido hacer eso y el pecado nos domina más y más y es muy difícil librarnos de actitudes, costumbres y esas cosas que sabemos no son buenas. Pero debes saber que Jesús rompió el poder del pecado y si te aferras a Jesús con Su poder podrás ser libre del mal.
Desafortunadamente, mientras estemos en esta vida siempre tendremos que luchar contra el pecado. Estaremos expuestas a las tentaciones, como Jesús fue tentado ¿Pero qué pasó con Jesús? Él venció cada una de las tentaciones y ahora se ofrece ayudarnos a vencer también. Llegará el día en que estemos en Su presencia y allí no habrá más pecado, ni más tentaciones, ni más dolor ni sufrimiento. ¿No te parece maravilloso? Vivimos en un mundo infestado por el pecado. Las personas dieron la espalda a Dios y escogieron vivir a su manera provocando una pandemia muy dolorosa y cruel. Realmente el virus del mal es una amenaza contra la humanidad pero si guardamos el protocolo de Dios en nuestras vidas, podremos vencer el mal. ¡Un día seremos totalmente libres! La muerte y resurrección de Jesús significa que podemos ser libres del castigo eterno, del poder del pecado. Lo que debemos hacer ahora es recibir a Jesús en nuestra vida y permitirle a Él reinar en todo nuestro ser y diario vivir.
La Biblia nos dice que:
“por cuanto todos pecamos estamos separados de Dios”
(Romanos 3:23).
Ese problema que domina nuestro corazón y al cual la Biblia llama pecado nos tiene bien lejos de Dios. Y sabes, también nos dice que no hay justo ni aún uno. Por tanto todos tenemos un problema en nuestro corazón llamado pecado.
Pero gracias a Dios, tenemos esperanza si hacemos lo que nos pide en 1ª de Juan 1:
“Si confesamos nuestros pecados a Dios, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”
Jesús, el Hijo de Dios, sabe lo que hay en nuestro corazón pero Él quiere que cada una de nosotras confesemos nuestros pecados, por eso nos invita a hacerlo y Jesús nos promete limpiar nuestra vida. Recibe el perdón de Dios hoy mismo.
Acompáñame en esta oración:
Padre Dios, gracias por enviar a Jesús a vivir entre nosotros y dar su vida en la cruz del Calvario para pagar por nuestros pecados. Gracias por tu gran amor Jesús. Te recibo en mi corazón – sé tú mi Salvador y Señor. Amén

