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Hemos hablado acerca de nuestros niños y adolescentes. Ellos necesitan saber que son amados para aprender así a amar a otros. Hemos escuchado la triste historia de un Emperador romano- Federico II del Siglo XIII, quien quiso ver qué pasaría con un grupo de bebés a los cuales mandó alimentar y bañar pero no darles amor mientras las nodrizas los cuidaban. Al año, nos dice el relato, todos esos bebés fallecieron de hambre de ser amados. Qué importante es recibir amor para así compartirlo y darlo a quienes tenemos junto a nosotros.
Así es Dios, Él nos da de su amor para que podamos dar. El Apóstol Pablo escribiendo una carta a la iglesia en Corinto lo expresó así:
“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación; quién nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.” (2ª. Corintios 1:3-4).
Aquí la Palabra de Dios nos está diciendo que aprendemos y disfrutamos del consuelo de Dios cuando pasamos por alguna tribulación; algún mal momento en nuestras vidas. Estoy segura que a ninguna de nosotras nos gusta sufrir. El sufrimiento es feo, es triste, nos limita y a veces hasta nos paraliza, pero es la manera en que aprendemos lo que significa el consuelo; el abrazo amoroso del Señor y sus palabras de aliento para poder continuar porque sus palabras amorosas nos dan ánimo y valor para continuar a pesar de los momentos oscuros cuando el sol no alumbra. Así lo expresa el Salmo 23, “aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno porque Tú estarás conmigo. Tu vara y tu callado me infundirán aliento…”
El resultado final de todo esto es que somos capaces de consolar a otros que también sufren por alguna razón. Vivimos en un mundo lleno de dolor y sufrimiento debido a que el ser humano se ha olvidado de Dios y ha escogido vivir a su manera. Cuando escogemos vivir conforme a la voluntad de Dios, aún si nos tocara sufrir, nuestras vidas se transforman en vidas útiles para la humanidad. El mismo Jesús siendo el Hijo de Dios, por lo que padeció llegó a ser de bendición.
“Pues en cuanto Él mismo padeció siendo probado, es poderoso para socorrer a los que son tentados y probados.”
(Hebreos 2:18)
Será de valor cuando experimentemos el sufrimiento y la tristeza si eso nos capacita para ser de ayuda a otros que también puedan estar luchando con duros golpes de la vida. El profeta Isaías nos habla de Jesús como un varón experimentado en quebranto. Cuando estudiamos acerca de su vida mientras anduvo sobre la tierra vemos que estuvo completamente despojado de los bienes terrenales, viviendo de una manera sencilla, humilde y dedicado a extender el Reino de Dios entre los seres humanos. Extendió su mano y bendijo a los niños, extendió su mano y sanó a los enfermos, limpió a los leprosos sin temor a contaminarse, y se compadeció de los tristes y desvalidos.
Jesús el Hijo de Dios vino a la tierra para demostrar su gran amor y misericordia a todos los que lo necesitamos y de hecho todos lo necesitamos. La Biblia nos enseña que todos hemos pecado y estamos separados de Dios. Como lo expresa Juan 3: 16. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Unigénito Hijo, para que todo aquél que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna.”
¿Cómo demostró Dios Su amor al mundo? Enviando a Jesús a vivir entre nosotros y muriendo en la cruz del Calvario. Jesús, ese varón de dolores del cual habla el profeta Isaías, dio su vida por nosotros, demostrando así su gran amor.
En lo más profundo de todo ser humano está el deseo y la necesidad de sentirse amado y de expresar amor. Hay diferentes maneras de expresar amor hacia quienes queremos. Puede ser haciéndoles regalos, sirviéndoles, cuidándoles.
Jesús hizo esa demostración de amor de una manera muy especial y única. Siendo Santo y puro dio su vida cargando con nuestros pecados en la cruz del Calvario. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”
Quiero compartir contigo lo que dijo Jesús acerca del amor en el Evangelio de Juan capítulo 15:
“Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría, y así su alegría sea completa. Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande, que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les pido. Este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros.”
En el mundo hay mucho egoísmo, por eso nuestra sociedad está enferma y sin rumbo cierto. Jesús nos pide que nos amemos unos a otros y nos dice que si nos amaramos tendríamos su alegría. ¡Qué diferente sería todo! Disfrutaríamos el gozo que da el Señor y desearíamos estar juntos y compartir la alegría de vivir.
Querida amiga, dale tu vida a Jesús. Él quiere ser tu Salvador y tu amigo inseparable. Quiere ayudarte a vivir y sobrellevar todas tus cargas y tus angustias porque Jesús sabe lo que es el sufrimiento y el dolor. Él es ese varón de dolores que comprende tu sufrir mejor que nadie. Cuando permitas que Jesús te consuele vas a poder ayudar y consolar a quienes sufren a tu alrededor.
Digamos juntas: “Jesús vengo a ti, te entrego mi vida y mis circunstancias. Yo sé que Tú me comprendes porque sufriste por mis pecados muriendo en la Cruz del Calvario sin tener culpa de nada. Gracias por tu amor tan grande. Quiero caminar por esta vida tomada de tu mano poderosa y segura. Gracias Jesús.” Amén

