Permanecer – Parte 1

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En el 2024 hemos estado explorando los mensajes Quebrantada, Sumisa y apartada para Dios en Santidad. Aquí descubrimos nuestra necesidad de ser quebrantada por nuestro pecado, para someter nuestra voluntad a Dios y perseguir la santidad viviendo sólo para Dios. Hemos aprendido a vaciarnos de nosotras mismas y morir al pecado. Como resultado Dios nos atrae a Él en intimidad. En esta segunda serie Permanecer, estar unida e ir, veremos cómo Dios: desea que permanezcamos con Él, unidas como un cuerpo en Cristo e ir al mundo con su mensaje de salvación.

Permanecer significa quedarse, continuar, estar, morar o residir. Nosotras permanecemos en Dios y Él permanece en nosotras. El Dios del universo vive con nosotras y hace su morada en nosotras. Cuán increíble es eso.

Cuando invitas a alguien a tu hogar, puede haber áreas a las cuales no les das acceso a las visitas. Lleva un profundo nivel de confianza invitar a otros a entrar a cada área de tu hogar. Permanecer con Dios involucra un proceso donde llegamos a confiarle y darle pleno acceso y control sobre cada área de nuestras vidas.

Cuando ponemos nuestra fe y confianza en Jesús como nuestro Salvador, el Espíritu Santo viene a vivir en nosotras, (Hech. 2:38) nos guía y nos conduce a toda verdad. (Juan 14:17) Debido a que Dios es Espíritu, cuando llegamos a ser hijo de Él vivimos en ambos, el mundo físico y también el reino espiritual que no se ve donde mora Dios. “Y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en lugares celestiales en Cristo Jesús.” (Ef. 2:6) Ahora vivimos “en Cristo” en el reino espiritual celestial. Esta es la presente posición de cada cristiano.

Comprender nuestras vidas “en Cristo” es muy crítico. En la salvación morimos a nosotras mismas, nuestros deseos centrados en el yo y el pecado que una vez gobernaba nuestras vidas. Fuimos hechas vivas en Cristo y llenas con Dios mismo. Ahora podemos vivir “plenamente vivas” porque vivimos en y a través del dador de la vida. Nuestro Dios relacional nos persigue en amor y en comunión con nosotras. Él desea de nuestra parte que lo bendigamos de vuelta con nuestra reverencia, amor y gratitud, y anhela para nosotras que encontremos gozo en Su presencia de la misma manera que Él se deleita con nosotras.

Dios describe nuestra relación de pertenencia con Él como un pacto donde somos puestas aparte sólo para Él. La intimidad con Dios es posible gracias a la exclusividad de la relación, así como un esposo y una esposa están unidos en matrimonio para ser exclusivos el uno para el otro. (Ef. 5:31-32) No estamos para tener lealtad a otras personas o cosas que son más importantes que Dios. Él tiene que ser primero en nuestras vidas, y cualquier cosa que coloquemos antes que a Dios es visto como un rompimiento de este pacto.

Mientras permanecemos con Dios, Él forma en nosotras sus divinas características. Dios nos llena y nos da Su poder para vivir una vida piadosa. Y cuando creemos a Dios y en sus promesas, aprendemos a confiar en su carácter y somos transformadas para ser como Él.

¿Así que cuál es nuestra parte en esta relación mientras permanecemos con Dios? Dios nos llama para amarlo (Mat.22:37) y abrazar la humildad (Co.3:12), obediencia y el temor del Señor (Sal.128:1). Debemos ser llenas con La Palabra de Cristo (Col. 3:16) y vivir de acuerdo al Espíritu (Ef.5:18, Gál.5:25). 1ªJuan 2:6 resume el deseo de Dios para nosotras: “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.” Es bueno para nosotras reflexionar en nuestras vidas y preguntarnos: “¿En qué áreas de mi vida en verdad necesito dar acceso a Dios?” y “¿Cómo necesito cambiar de modo que refleje correctamente a Jesús?” Que el amor y la gracia que recibimos de Dios mientras permanecemos en Él fluya a través nuestro y atraiga a otros a la relación con Jesús.

Lisa Hall / Coordinadora Internacional de Oración / Mujeres de Esperanza

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