No serás olvidado

Esperanza y Transformación
4 julio 2024
Permanecer – Parte 1
4 julio 2024

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida, delante de mí están siempre tus muros.” – ISA. 49:15-1

¿Mamá, porqué estás llorando? Preguntó la pequeña Manu mientras observaba a la mamá abrazando a su amiga. “Decir adiós es más difícil de lo que yo pensaba,” su mamá le respondió. “Mi amiga y yo hicimos tantos recuerdos juntas a lo largo de los años. Estoy teniendo momentos muy difíciles dejándola ir.”

La pequeña parecía saber bien cómo consolarlas – abrió el cajón frente a ella y para sorpresa de las mujeres, regaló a la amiga con una linda foto de su madre. Muy pronto las lágrimas dieron lugar a la risa. La pequeña niña con un corazón tan sensible añadió, “Ahora siempre la recordarás.”

Las despedidas pueden ser desoladoras. Ellas también provocan incertidumbres e interrogantes. “¿Será que nos veremos alguna otra vez? ¿Cómo serán nuestros días sin esa persona cerca nuestro? Aunque podamos ser valientes lo suficiente como para decir esas interrogantes en voz alta, podemos tratar de esconder nuestros más profundos temores: ¿Seré olvidada? La tía sonrió y dijo: ¿Cómo podré olvidarte? ¡Yo te conocí antes que nacieras! ¡Los ojos de la pequeña Manu se abrieron grandes, expresando el gozo de una niña que sabía que era amada!

Esta hermosa, inocente criatura se animó hacer una crucial pregunta: “¿Soy lo suficientemente importante para ser recordada?” Su pregunta me lleva al Salmo 13:1-2 que nos da una mirada al alma del salmista: “¿Hasta cuando Señor? ¿Me olvidarás por siempre? ¿Hasta cuando esconderás tu rostro de mí? ¿Cuánto debo luchar con mis pensamientos y día tras día tener dolor en mi corazón?”

El salmista estaba sintiéndose olvidado, pero mientras derrama su alma ante el Señor, es animado. Él considera su constante amor. “Pero yo confío en tu indefectible amor, mi corazón se regocija en tu salvación. Cantaré al Señor las alabanzas, porque Él ha sido bueno para mí.”

Recién volví de África donde tuve la maravillosa oportunidad de visitar a nuestro grupo de oyentes Xhosa en una remota villa. Un hombre de la comunidad fue tan valiente como la pequeña Manu y abiertamente expresó que estaba maravillado de nuestra visita a ese lugar “olvidado”. Sus ojos se abrieron hasta el pensamiento que allí había personas que cuidaban de ellos. Estos hombres y mujeres fueron animados al saber que Dios los ve.

Soy bendecida por el privilegio que tenemos de compartir el mensaje de que ellos son vistos, amados y cuidados por el creador del universo – no sólo en ocasiones especiales sino cada simple día. En mis pensamientos sonrío por tener la misma verdad para nosotras.

Susie Pek / Directora Global Mujeres de Esperanza

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