
Un «sí» que cambia todo
6 noviembre 2026
En tiempos de guerra, enfoque y claridad mental son necesarios para la victoria. Jesús comprendió esto y modeló para nosotros la intensión, disciplina y perseverancia necesarias para vivir el llamado de su vida. Y Él pide a sus seguidores no crecer cansados y desanimados, sino más bien permanecer firmes e imitarlo.
Jesús sabía que su vida de obediencia cambiaría al mundo. Y Él quiere lo mismo para nosotros. Pero para hacer una diferencia en el mundo, cada una de nosotras necesita decidir: “¿Para qué estoy viviendo?”
El mundo nos dice que vivamos vidas centradas en nosotros mismos, buscando el placer, la felicidad y el poder. Pero como creyentes, somos llamadas a vivir vidas que son intencionalmente enfocadas y fielmente conectadas a nuestro Trino Dios y al cuerpo de Cristo – en otras palabras, la iglesia. Somos instruidas a mantener nuestros ojos en Dios, nuestros corazones y mentes escuchando al Espíritu, nuestros pies profundizando cada día en la Palabra, todo nuestro ser sometido y unido a Jesús, y nuestras vidas unidas al cuerpo de Cristo.
Nuestra unión con Dios y con el cuerpo resulta en vivir el llamado que Dios nos ha dado para el mundo que nos rodea. Que en nuestros momentos íntimos con Dios, Él pueda mostrarnos cómo debemos ser y la obra que unidos haremos. Podemos pedirle que nos revele los dones espirituales que nos ha dado para construir el cuerpo de Cristo. Quiero animarte a que tomes el tiempo con el Padre no sólo para comprender sino llegar al punto de abrazar el llamado de Jesús en tu vida.
Estoy maravillada de la respuesta que los discípulos dieron al llamado de Jesús en seguirle. En seguida ellos (Pedro y Andrés) dejaron sus redes y le siguieron. (Mat. 4:20) La respuesta a su llamado en sus vidas fue inmediata y llena de obediencia.
Ellos comprendieron que Jesús no era un maestro común. Algo grande estaba sucediendo y ellos querían estar cerca de Jesús y que sucedería – al punto que abandonaron sus trabajos, sus hogares y sus familias.
Algo grande está sucediendo en nuestros días también. Nuestro mundo está siendo sacudido. Desde los desastres naturales hasta los levantamientos políticos, la vida como la conocemos está cambiando dramáticamente, y es causa para que las personas se hagan preguntas.
Con cosas de la periferia somos azotadas desde fuera de nuestras vidas y esto
naturalmente nos lleva a identificarnos y valorar lo que es esencial. Y muchos
están comenzando a preguntarse si la fe debería jugar un rol más importante en nuestras vidas. El Espíritu de Dios se está moviendo en los corazones de las personas por todo el mundo, abriendo sus ojos a la verdad de quién es Jesús.
Las generaciones más jóvenes están curiosas de Quién es Jesús y quieren saber más.
Involucrémonos con ellos en las conversaciones, haciendo buenas preguntas y considerando sus vidas.
Cuando vemos a cada persona como alguien hecho a la imagen de Dios, cuando les mostramos respeto y las escuchamos bien, las personas a menudo se involucran en reales conversaciones que cambian sus vidas.
Intencionalmente vivamos unidas con Cristo y su cuerpo la Iglesia de modo que esas personas sean atraídas en su relación con Dios. Unámonos a Jesús
diciendo:
«Por tanto, corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.» – HEBREOS 12:1-3
El Espíritu del Soberano Señor está sobre mí, por cuanto el Señor me ha ungido para proclamar las buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a predicar buenas nuevas
a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los presos apertura de la cárcel, a proclamar el año de la buena voluntad de Dios; a consolar a todos los enlutados. (Is. 61:1-2)
En Mujeres de Esperanza nos unimos a Jesús en su misión de proclamar las buenas nuevas y ministrar sanidad a los heridos. Juntos, podemos oír bien a Dios y en su poder unirnos a Él para llevar esperanza y sanidad en Jesús a las mujeres a nuestro alrededor.
Por Lisa Hall • Coordinadora Internacional de Oración, RTM Mujeres de Esperanza

