Permaneciendo pura

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Todo lo que Dios creó es bueno. Los hermosos pájaros que nos deleitan con sus trinos, las estrellas que titilan en un cielo nocturno. Las cosas que nos hacen asombrar y maravillar… cosas que gozamos… Dios hizo todas estas cosas buenas… incluyendo el sexo. Es por eso que Él quiere que esperemos hasta el matrimonio para tener sexo. Dios sabe que el sexo sin los límites protectores del matrimonio puede realmente perjudicarnos.

El año pasado unos amigos nos invitaron a la boda de su hija. Durante la hermosa ceremonia de bodas me quedé sorprendida al oír el testimonio de la joven y su esposo de una promesa que se habían hecho el uno al otro el día que se pusieron de novios. Habían hecho un voto de respetarse y honrarse absteniéndose y no teniendo relaciones sexuales antes del matrimonio. Decidieron guardarse fielmente puros por amor a ellos y a sus seres queridos.
¡Qué regalo precioso se habían dado el uno al otro; un regalo de amor, fidelidad y pureza!

Me sorprendió y me deleitó escucharles decir esto, luego lo comenté con los padres de la novia.
Ellos (los novios) explicaron que en su tiempo de noviazgo no fue fácil evitar tener relaciones sexuales.
Es normal que una pareja que habla de casarse sienta una atracción física de querer estar juntos.
Y eso es bueno porque fuimos creados para desear.
Pero cómo pudieron ser capaces de abstenerse hasta el matrimonio, especialmente cuando muchas personas eligen ser sexualmente activos ya sea si son casados o no.
Ellos dijeron en su testimonio que la razón más importante para elegir mantenerse puros antes de casarse fue para honrar al Dios de la Biblia. Explicaron que su relación con Dios a través de su hijo Jesucristo era la más importante relación en sus vidas. Ellos creían que el plan de Dios para su relación y matrimonio, como está descrito en la Biblia, les ofrecía ese único camino para tener éxito. Además de honrar a Dios respetando sus demandas querían honrarse entre ellos mostrándose un amor que sabe esperar porque no es egoísta y desea lo mejor para el otro.

Yo quiero leerte la declaración que se repitieron en su boda: “Nosotros creemos que Dios y no el hombre creo el matrimonio… creemos que la Biblia enseña que el pacto del matrimonio es sagrado para siempre… creemos que Dios da una esposa al esposo y un esposo a la esposa, y deben recibirse el uno al otro como único regalo de Dios y la provisión personal para ayudarles a llenar sus necesidades…
Creemos que Dios creó el matrimonio con el propósito que las parejas honren a Dios como una sola carne, criando hijos obedientes y gozando del placer sexual…”

Pero quiero contarte la parte más importante de esta historia de amor. El compromiso de la novia no comenzó cuando se pusieron de novios. De hecho todo comenzó cuando ella tenía 12 años de edad.
En ese tiempo el padre habló con ella acerca de las enseñanzas de la Biblia acerca de la pureza sexual.
El la animó y aconsejó a respetar y honrar las instrucciones de Dios para las personas de mantenernos sexualmente puros hasta el matrimonio.
Entonces el padre le pidió que hiciera una promesa o compromiso de mantenerse pura. Ella estuvo de acuerdo y como símbolo de este compromiso el padre le regalo un anillo para que ella usara en su dedo.
Luego el día de su boda ella daría este anillo a su esposo como un regalo simbolizando su virginidad y pureza. Así fue y ella lo usó desde los 12 años hasta el día de su boda.

Cuando cumplió sus 16 años el padre la llevó a cenar a un restaurante. Él le dijo que quería hablar con ella acerca de cómo debía tratar un hombre a una mujer, con el valor, la amabilidad y la consideración que Dios quería que se le diera a las mujeres.
El padre quería enseñar a su hija que no debería asociarse con muchachos que no la trataran bien y que no valoraran su deseo de mantenerse sexualmente pura. Para protegerla, el padre esperaba que si un joven quería entablar una relación con ella fuera a hablar primero a la casa. La hija estuvo de acuerdo en cumplir con los deseos del padre.

El día de la boda la joven dio el anillo que su padre le había regalado a los doce años a su esposo como un símbolo y regalo de su pureza. Pero luego el esposo le retornó el anillo a ella como un compromiso de continuar siendo fieles en el matrimonio.

Esta joven pareja sabía que el plan de Dios para la relación entre un hombre y una mujer está descrito en la Biblia ya seas para los solteros como para los casados. Aprendemos de la Biblia que Dios nos creó como personas sexuales y que nuestros sanos deseos sexuales sólo se pueden cumplir en el matrimonio. Ese es el perfecto plan de Dios para cada uno de nosotros.
La Biblia llama a la impureza sexual “lujuria” y es una conducta pecaminosa y destructiva tanto para el hombre como para la mujer Dios nos ha creado con valor y dignidad y él quiere que seas tratada con honor, amabilidad y amor.

Tal vez ya has tenido experiencias sexuales fuera del matrimonio. Pero ahora deseas en tu corazón honrar a Dios siendo sexualmente pura. No es demasiado tarde. Dios es un Dios misericordioso y compasivo. Él te ofrece el perdón a través de su hijo Jesucristo quien nunca pecó. Pero Él murió y sufrió una muerte cruel en una cruz en nuestro lugar cuando éramos nosotros los pecadores.

La Biblia nos relata una historia en la vida de Jesús donde muestra su gran amor por los pecadores. Vamos a leer en Juan capitulo 8 versículo 3-11 dice así: “Mientras Jesús hablaba, los dirigentes judíos y los fariseos trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y la pusieron frente a la expectante multitud.
-Maestro-le dijeron,- Esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. La ley de Moisés dice que la debemos matar. ¿Qué crees tú?
La intención de ellos era obligarlo a decir algo que luego pudieran usar contra Él, pero Jesús se limitó a inclinarse y a escribir en tierra con el dedo.
Como los hombres insistieron Él les dijo: Muy bien mátenla a pedradas, ¡pero que arroje la primera piedra la persona que jamás haya pecado!
Y se inclinó de nuevo a escribir en tierra.
Los hombres reprendidos por sus conciencias fueron saliendo uno por uno empezando por los ancianos hasta que Jesús quedó sólo ante la multitud y la mujer.
Al poco rato se puso de pie.
-¿Dónde están los que te acusaban?- preguntó a la mujer – ¿Ninguno te condenó?
-No; Señor
-Ni yo tampoco. Vete y no peques más.”

Jesús tuvo compasión de esta mujer que había pecado y le ofreció su perdón.
Ella recibió su regalo del perdón y llegó a ser una nueva mujer en su corazón y en su vida.
Tú puedes hacer lo mismo.
Pídele perdón al Señor, confía en Él y ahora “ve y no peques más”. Él te ha hecho libre.

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