Tiempo de cambios

«Los dos fundamentos»
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Enfrentando los cambios de la vida
27 noviembre 2006

Sentí dolor en mi corazón cuando leí la carta de Vicky. Ella nos contaba lo siguiente: “Mi vida ha cambiado drásticamente en sólo pocas semanas. A mi madre le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer y ya no puede cuidarse a si misma. Vino a vivir con nosotros y ha desorganizado completamente mi mundo. Ahora me encuentro con que mi madre ha llegado a ser mi hija y yo su madre. A veces manejo la situación con dignidad, otras veces me pongo a llorar y no se que hacer. Mi esposo no está dispuesto a continuar con esta situación…

Él se enoja porque mi madre interfiere en cada aspecto de nuestras vidas. Tenemos frecuentes peleas y hemos perdido la capacidad de discutir nuestros problemas en privado. Tenía planes de hacer un curso de entrenamiento para mejorar mi trabajo pero ahora no puedo. He pedido a mi hermana que me ayude cuidando de mamá por algún fin de semana pero ella se rehusó, diciéndome que no puede y que tampoco tiene suficiente lugar en su casa.

Éste ha sido el cambio más difícil en mi vida. Amo a mi madre, pero hay días que no puedo estar en el mismo lugar con ella. Me repite la misma pregunta miles de veces y me está volviendo loca. No podemos pagar para que alguien nos ayude a cuidarla y no tengo esperanzas que pueda ser posible en el futuro”

¡Qué situación la de Vicky y su familia! ¿Qué podemos aprender de todo esto que nos escribe?
Yo pienso que ella no estaba preparada para experimentar una situación tan perturbadora en su vida.
La rutina y la falta de tensión creó una atmósfera de confort para ella y su familia; la crisis de enfermedad de su madre le causó unos cambios poco deseables, ahora ella tenía…

1-Otra persona en su hogar demandando mucha atención.
2-Le añadió estrés a su matrimonio y en las relaciones familiares.
3-Cambios en sus metas personales.

Vicky estaba experimentando una mezcla de sentimientos. Por un minuto amaba a su mamá y sentía gran compasión por ella, pero al próximo minuto estaba enojada de tenerla tan cerca. Llegó a la conclusión que si su hermana no estaba dispuesta a ayudarla debía enfrentar esta crisis por si misma.

¿Cuál sería la solución que ayudaría a Vicky?

Consideremos lo siguiente:

*El cambio puede ser algo que desestabilice una situación.
*El cambio tiene el potencial de amenazar nuestro sentido de seguridad.
*Algunos cambios tienen una gran importancia y podrían determinar cómo viviremos el resto de nuestras vidas.
*Otros cambios no tendrán un impacto significativo para nuestro futuro.

Algunos expertos consideran que los traumas, las transiciones y los cambios suceden a través de nuestras vidas y generalmente se pueden dividir en tres grupos: los cambios esperados, los inesperados y la falta de cambios.

Los cambios esperados son eventos mayores tales como el casarse, tener hijos, y aunque estos cambios son excitantes, pueden involucrar algo o bastante estrés.

Los cambios inesperados pueden alterar nuestras vidas completamente, porque no podemos anticiparlos. En este grupo podemos incluir cosas tales como un accidente con todas sus posibles consecuencias, daños o discapacidades. Si no nos sucede a nosotros puede ser con alguien a quien amamos.
Otros pueden ser como la pérdida de un trabajo, rotura en una relación o la pérdida de un ser querido. Los cambios inesperados frecuentemente alteran nuestras vidas de tal manera que nunca más seremos los mismos.
La falta de cambio también puede ser muy difícil.
A veces puede haber circunstancias en nuestras vidas que anhelamos y esperamos que cambien pero no sucede. Podría ser que quisiéramos aprender alguna profesión, o quisieras casarte y formar tu familia pero no has encontrado a ese alguien especial. Puede ser que quisieras tener hijos y ahora descubres que no puedes.
Estos asuntos pueden ser bien difíciles de manejar.
Por momentos anidamos alguna esperanza pero más tarde nos sentimos desilusionados.
Tenemos un profundo deseo por el cambio pero nada sucede. Entonces somos dominadas por nuestros sentimientos y el resultado es; desánimo, desesperación y falta de esperanza.

Como hemos escuchado en la historia de Vicky ella está enfrentando un cambio inesperado.
¿Qué acerca de ti, qué cambio estás enfrentando?

¿Estás esperando el cambio de las circunstancias en tu vida? Puede ser que vives algo similar a lo de Vicky o tienes condiciones bien diferentes, pero el sentimiento es el mismo. ¡Qué frustrante es cuando tengo que tratar con una situación que soy incapaz de cambiar! Al fin me doy cuenta que no tengo control sobre lo que está sucediendo. ¿Qué tendría que hacer entonces?
Como Vicky, podemos sentir que “no hay esperanza”.
Para ser honestas debemos decir que muchas veces no tenemos ni idea de qué hacer. Nos gustaría encontrar una fórmula, una receta, algo que pudiéramos hacer o alguien a quien podríamos recurrir pidiendo ayuda.

¡Mi querida amiga, tengo buenas noticias para ti!
Nunca, es demasiado tarde para asumir la situación y cuando lo haces, encontrarás que siempre hay esperanza, siempre hay algo que podemos hacer para sobrellevar la peor situación que estemos enfrentando. Las maneras no siempre podrán ser fáciles.
Siempre hay alguien a quien implorar socorro.
Con la ayuda de una amiga cristiana Vicky pudo cambiar su manera de pensar.
Modificó sus convicciones y sus reacciones.
El cambio positivo no fue fácil y llevó algo de tiempo pero ella pudo aprender algunas cosas:

1-Había otros amigos y familiares que estuvieron dispuestos a ayudar. Hubo personas dispuestas a orar por ella y hablar acerca de sus dilemas. Dieron su tiempo para ayudarle con su mamá y otras tareas.
2-Ella deseaba tomar un entrenamiento para su trabajo de servicio y aprendió que amando y cuidando a su mamá en esta condición era parte de ese entrenamiento o aprendizaje.
3-Aprendió también que podría tener gozo, no importando cuan difícil era su situación.
Ese gozo provenía del Espíritu Santo ya que ella le había confiado su vida a Jesús y llegó a comprender que no estaba sola.

Los cambios pueden suceder en el peor momento.
Puede ser que no los deseemos pero a menudo tienen un propósito. Aunque algunos pueden ser dolorosos, no significa que Dios no nos ama.
Escucha lo que escribió el Apóstol Pablo:

“Sabemos que en todas las cosas Dios obra para bien en aquellos que le aman, que viven de acuerdo a su propósito” Romanos 8:28.
El Señor nos dará fuerza y sabiduría para encontrar una solución a los difíciles cambios que enfrentamos si sometemos nuestros pensamientos y actitudes a la voluntad de Dios.
Nunca estamos solas, Dios está de nuestro lado. Tenemos sus promesas. En Segunda de Corintios 4: 8, 9, 16,18 dice lo siguiente.
“Estamos acosadas de problemas, pero no estamos aplastados ni vencidos. Nos vemos en apuros pero no nos desesperamos. Nos persiguen pero Dios no nos abandona nunca.
Por eso nunca nos damos por vencidos. Aunque este cuerpo nuestro se va desgastando por dentro nos fortalecemos cada vez más en el Señor.
Por lo tanto no nos importa lo que ahora se ve ni las tribulaciones que nos rodean, sino que fijamos la mirada en los goces celestiales que todavía no vemos. Pronto cesarán los problemas presentes, pero lo goces que disfrutaremos no cesarán jamás”.

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