Peregrinos en este mundo

Después de haber considerado la inmigración como una tremenda realidad en el mundo hoy día nos damos cuenta de que esto ha sucedido a través de la historia, es decir, no es un tema nuevo y millones de personas lo han hecho.
Por ejemplo cuando lees la Biblia encontramos la historia de Abraham y allí verás que él fue un peregrino uno que viajo de un lugar a otro.

Abraham fue llamado por Dios a dejar su lugar para ir a una nueva tierra prometida que el Señor le mostraría. No sabía a dónde tendría que ir.
Más tarde encontramos que Jacob se mudó a Egipto con sus hijos como un inmigrante, debido a la gran hambre en la tierra de Canaan. Al llegar a Egipto Jacob dijo a Faraón: “los años de mi peregrinaje son 130, mis años han sido pocos y difíciles y no son iguales a los años del peregrinaje de mis padres”. En los registros bíblicos encontramos que personas piadosas confesaron que fueron extranjeros y peregrinos en la tierra.
En Hebreos 11 se nos dice: “Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre esta tierra. Porque lo que estos dicen, claramente dan a entender que buscan una patria, pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron ciertamente tenían tiempo de volver, pero anhelaban una mejor, esto es celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos porque les ha preparado una ciudad”.
Tristemente la mayoría de los cristianos hoy día viven como ciudadanos de este mundo más que como extranjeros y peregrinos, construyendo su vida aquí y viviendo de acuerdo a la filosofía y estándares del mundo.
La característica más importante de un cristiano peregrino, debería ser la condición de su corazón se siente como un extraño, un colonizador en tierra extraña, como alguien de otro planeta.
Él sabe que no está en casa y se siente extraño en el lugar en el que se encuentra momentáneamente.
Primeramente porque el mundo piensa que es un extraño. Si tú eres una mujer o un hombre cristiano notarás que no eres igual a otros, que hay algo diferente en ti. Por eso decimos que el mundo piensa que eres un extraño. Pero algo más importante para un hombre o una mujer es que piensan que el mundo es un lugar extraño. Es por eso que la fe les ha capacitado para ver las cosas que los que no son salvos no pueden ver, por ejemplo la manera de ver el cielo, de ver a Dios, de ver el infierno, cosas que otras personas quizás ni lo piensan. Un peregrino es un visitante, alguien que permanece por un tiempo en un país extranjero. Por ejemplo una persona que viaja por otro país fascinada e impresionada por el estilo de vida del lugar puede ser un peregrino viajando a través del país pero simplemente eso porque luego tiene que volver.
Un peregrino cristiano es también un extranjero en este mundo quien ha disfrutado y ha visto lo mejor, si ha podido en este mundo y por esta razón no desea quedarse ni adoptar las maneras de esta vida porque sabe que son inferiores, destructivas para la vida presente e inadecuadas para capacitarlo para su futuro hogar.
El problema se debe a que es fácil a veces perder el corazón de peregrino si uno continúa siendo influenciado por este mundo. Por esta razón cuando vamos a la Biblia el apóstol Pedro escribe un ruego. Dice: “yo les ruego como a extranjeros y peregrinos que se abstengan de los deseos carnales que batallan contra el alma. Manteniendo buena vuestra manera de vivir, aunque un cristiano tiene un nuevo corazón que desea un país celestial mejor, continúa teniendo una naturaleza carnal, vieja, que está llena de toda suerte de deseos, y rodeada de toda clase de tentaciones.
Hay deseos que son propios de una gratificación carnal y egoísta sin considerar la dimensión espiritual para la gloria de Dios.
Estos deseos carnales son bien difíciles de quitar o cambiar.
El Apóstol Pedro, menciona que muchos ya han sido quitados de nuestra vida pero que muchos también quedan por cambiar.
Pedro usa tres motivadores para dar ánimo a los cristianos a dejar los deseos que decimos “carnales” o sea los deseos de esta vida, deseos desmedidos.
El primero les recuerda que ellos fueron muy amados y que por esa razón deseaba lo mejor para ellos, les recuerda que eran bien amados por Dios y si Dios les amaba tanto, podían estar seguros que deseaba el bien para ellos y nunca el mal.
En segundo lugar, ellos debían dejar estos pecados mundanos porque eran extranjeros y peregrinos en este mundo, eran ciudadanos de un mundo mejor, eran mejores que quienes no conocían a Dios porque tenían una naturaleza espiritual y la capacidad de abstenerse de las lujurias carnales, de los desórdenes pasionales, porque tenían en si al Espíritu Santo.
Y en tercer lugar les advierte que los más grandes placeres podrían fácilmente ser dañados por la lujuria carnal, porque la carne, o sea los deseos de esta vida, luchan contra el alma. La persona estaba demasiado ocupada como para buscar lo espiritual y puede ser que esto te pase a ti, a veces estamos demasiado ocupados en las cosas de esta vida pensando que son las más importantes y descuidamos el bienestar de nuestra alma y nuestro espíritu. El corazón de un peregrino produce un estilo de vida que es superior a los que viven en este mundo. Por eso se pide a los cristianos que vivan como extranjeros y peregrinos en este mundo porque no son de este lugar sino que esperan otro país, otra ciudad, otra casa, la celestial, de la cual Dios es el constructor.
Así como Abraham somos peregrinos en este mundo, mientras viajamos a través de nuestras vidas debemos hacer todo en dependencia y obediencia al Señor nuestro Dios, los creyentes de la antigüedad sólo vieron la promesa como “viéndola de lejos” (según Hebreos 11) sin embargo por fe vivieron y sufrieron por el Señor.
Nosotros ahora conocemos todo el camino de la Salvación de las cosas espirituales acerca de Dios y como Dios dejó los cielos para ser un extranjero y peregrino en la tierra por amor a nosotros.
Como residentes extraños, nuestra ciudadanía está en otro país, no somos más que residentes temporales, nuestro descanso final no será hasta que alcancemos las moradas celestiales.
Así que, ya que no somos ciudadanos de aquí debemos viajar con mucha prudencia sin mucho peso y carga.
Hay personas que insisten que necesitan provisiones para el camino y por esto se afanan y dicen que necesitan dinero en sus bolsillos.
¿Cuánto dinero necesitamos en nuestra vida? ¿Cuánto realmente es suficiente? Quiero recordarte también que cuando tus bolsillos están demasiado pesados, encontrarás el viaje difícil y embarazoso, si estás demasiado cargado quizás no alcances el destino final. Si no estás segura si eres una ciudadana del cielo lo que debes hacer es recibir a Jesús como tu Salvador y Señor, luego disfruta de este viaje, cada nuevo día.
Permite que tu vida sea una tarjeta viviente de gratitud de gozo y obediencia al Señor. Tu vida estará en las manos seguras de Jesucristo y Él te llevará a salvo hasta tu destino final. Después de todo, el pagó con su vida el pasaje hacia la eternidad. ¡Confía en el Señor por siempre! Espero que puedas decir:

“Un día el mundo dejaré
A la dorada playa iré
Llegando al cielo cantaré
Cristo mi camino guió.
Y desde el cielo al revisar
A mi terrestre caminar
Segura estoy poder cantar
Cristo mi camino guió”.

Amén, que así sea en tu vida.

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