Esperanza en medio de la violencia

Hemos venido hablando del triste tema de la violencia. Su origen, consecuencias y cómo vivir en esta situación. Pero hoy queremos hablar de la esperanza. El otro día recibí un llamado telefónico. Era de una mujer que recién le habían diagnosticado la enfermedad del cáncer.

Ella comprendió que la muerte había comenzado a invadir su cuerpo. El temor había dominado su vida, porque ella sabía, como todos sabemos que el cáncer es una terrible enfermedad.

Pero sabes que hay igualmente una enfermedad del alma, una enfermedad mortal que la Biblia llama pecado. El pecado es como un cáncer para el alma. Trata de cubrir e invadir cada área de tu vida. El pecado es el espíritu de rebelión y desobediencia a Dios que ha contaminado a la humanidad. ¿Recuerdas que hemos hablado acerca de la primer pareja, Adán y Eva y cómo Dios los creó?. Ellos desobedecieron el mandamiento de Dios de no comer del fruto prohibido en el jardín del Edén. Fueron engañados por Satanás y a consecuencia de eso el PECADO entró al mundo. Desde ese trágico día, el pecado ha afectado a cada ser humano.

Hemos hablado acerca del hecho de que una de las formas más agresivas y visibles del pecado es la violencia. La violencia no solo consume a la persona que es controlada por ella sino que también contamina y destruye a las personas que viven con la violencia. La violencia es una terrible realidad en muchos hogares. Ya hemos hablado de sus consecuencias. Trauma emocional, abuso físico, suicidio y asesinato son algunas de las horribles consecuencias. Hogares violentos producen hijos violentos que generalmente llegan a ser ciudadanos violentos. Los ciudadanos violentos producen una sociedad violenta. Si miramos a nuestro mundo en derredor lo que vemos son guerras y violencia, especialmente contra mujeres y niños creciendo como una plaga. Quizá te preguntes, ¿queda algo de esperanza cuando la ira y el enojo es la herencia de mi vida?. Permíteme que te pregunte, ¿hay esperanza cuando alguien tiene la terrible enfermedad del cáncer o el sida?. ¿Queda alguna esperanza cuando la forma más agresiva del pecado, la violencia es un hecho de la vida?.

Hay dos respuestas a esta pregunta. La primera es la humana y lógica. Está basada en lo que el hombre puede hacer y en lo que sabemos. Cuando contamos solo con nuestros propios recursos y miramos a nuestras inmediatas circunstancias, debemos confesar que la medicina no tiene la respuesta final para enfermedades terminales. De la misma manera nosotros los seres humanos somos impotentes en tratar con las terribles consecuencias de este pecado del enojo, que conduce a la VIOLENCIA. La razón es que el más profundo problema de la humanidad no es un problema político. La raíz de todos los problemas en la vida es el pecado. Es la desobediencia y la rebelión en contra de Dios en nuestros corazones que causa la violencia.

¿Por qué crees que elegí hablar acerca de “la esperanza” a pesar de la violencia si no hay esperanza?. Es porque hay una segunda respuesta al problema. Gracias a Dios que la Biblia afirma que “con Dios todo es posible”. Mr.10:27. Dios puede cambiar la situación más desesperante y violenta.

Mientras pensaba sobre este tema, la historia de Pedro, un discípulo de Jesús me vino a la mente. Pedro era una persona se muy fuerte y firme voluntad. Como tal, se determinó a seguir a Jesús, no importando el costo. Una noche de tormenta, él estaba con los otros discípulos en una embarcación en el mar de Capernaúm. El barco era zarandeado en todas direcciones. La lluvia y el viento eran muy severas. Jesús no se encontraba con ellos en ese momento. Había ido a la montaña para orar a solas. Cuando la situación se tornó tan peligrosa que los discípulos perdieron la esperanza, Jesús vino hacia ellos caminando sobre las aguas. (Mateo 14:22-33)

Al principio los discípulos gritaron de miedo pensando que era un fantasma. No reconocieron que era Jesús. El les habló y les dijo: “Tengan ánimo, Yo soy. No teman”. Pedro contestó diciendo: “señor si eres tu, ordena que vaya a ti sobre las aguas”. Y sabes que?, Jesús le dijo, “ven”. Pedro salió del bote, caminó sobre las aguas y fue a Jesús. Caminó sobre las turbulentas aguas, mirando a Jesús, desafiando la ley de la gravedad. De repente él vio el viento, el temor lo acaparó y comenzó a hundirse. El gritó: “Señor, sálvame”. Inmediatamente, Jesús estiró su mano y tomó de él. Jesús le dijo: “Oh, hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. Y cuando subieron al barco, el viento cesó. Los que estaban en el barco comenzaron a decir, “Tu eres ciertamente el Hijo de Dios”. Este relato bíblico da una respuesta a una situación aparentemente sin esperanza, ¿no es así?.

¡Tu no caminas sobre el agua!. Lo que Pedro estaba experimentando aquí era un milagro. Funcionó bien hasta que él comenzó a poner más atención a su entorno violento que a Jesús. Allí comenzaron sus luchas. Su fe falló y comenzó a hundirse. Yo quiero que sepas que Jesús es la respuesta de Dios a todo sufrimiento y violencia en este mundo. El es el salvador y la esperanza para todos los que creen en El. Eso es exactamente lo que este relato de la vida de Pedro nos enseña. Si crees en Jesús con todo tu corazón y le permites que El te limpie de tu pecado y temor, tu puedes sobrellevar las más temerosas circunstancias. No permitas que las cosas que hacen quienes te rodean condicionen las actitudes de tu corazón. Si Jesús vive en ti, habrá esperanza aún en las circunstancias más terribles. Escucha estas palabras de la Biblia para quienes ponen su confianza en Jesús: “Más grande es el que está en ti, que el que está en el mundo”. (1 Juan 4:4)

¡Amiga, hay esperanza!. Aún cuando nuestras fuerzas falten a causa de circunstancias llenas de violencia y temor recuerda que Jesús te pide que vengas a El y camines sobre esas aguas turbulentas. Hay esperanza a pesar de las violencia si crees en Jesús y caminas mirándolo solo a El. Hay esperanza porque la Biblia dice: “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni lo alto, ni lo bajo, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Rom. 8:38-39)

¡Que buena noticia tenemos hoy!. Nada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

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