Editorial Julio 2007

Mi querido/a intercesor/ora:
Nunca en mis más extravagantes sueños he imaginado que un día estaría escribiéndote acerca de la esclavitud sexual. Pero hace 10 años, fui alertada que la prostitución – la más antigua profesión” – había llegado a ser un negocio. El comercio de esclavitud sexual es repugnante y diabólico. Y Jesucristo, quien “vino para destruir las obras del diablo”, me ha llamado para orar por Su “Justicia para que corra como un río” en la vida de las mujeres que sufren alrededor del mundo.

Y, como ves, no puedo rehusar su orden.
Muchas de ustedes han compartido conmigo cuan difícil y repulsivo es el sólo hecho de pensar acerca del tema de la esclavitud sexual. Estoy completamente de acuerdo con ustedes. Pero como cristianos, podemos ignorar estas maldades y darles la espalda. No, mi amiga, no podemos. Seremos bendecidas al llevar a cabo la batalla espiritual sobre nuestras rodillas contra este mal y a favor de aquellos afectados por él.

El incremento de las guerras y el crimen organizado alrededor del mundo han causado un crecimiento abrumador en el número del tráfico de mujeres y niñas- ¡miles y miles!.
Ninguna región se salva de esta marea de desesperación desde el sureste de Asia al Norte de Africa , desde América Latina y hasta Europa Oriental.

¡Y lo que lastima aún más mi corazón es saber que las mujeres mismas esclavizan a otras mujeres!. Ellas seducen a sus inocentes hermanas con tentadoras ofertas de trabajo en el extranjero. A estas víctimas ingenuas, inocentes, se les promete falsamente recursos para ayudar a sus familias que quedaron allí lejos en sus casas. Ingenuamente ellas firman su destino como esclavas sexuales de hombres malvados que brutalizan sus almas, quiebran sus espíritus y cuerpos por un efímero momento de placer carnal.

Todos ellos necesitan nuestras oraciones- tanto las víctimas como también sus opresores. Estoy convencida que a través del poder de Dios alcanzado por nuestras oraciones, el perdón, la salvación eterna y la esperanza brillarán en sus vidas nuevamente. Jesús dijo:”…cualquiera cosa que pidiereis en Mi nombre lo recibiréis”, aún si eso significa romper las cadenas del tráfico sexual internacional. Pidámosle a Dios que revierta este tsunami de indignidad, haciendo que “la justicia fluya como un río” sobre esas queridas mujeres y niñas.¡Nosotros podemos orar que sean sacadas de la esclavitud sexual, HOY!
Gracias por orar conmigo.

Hasta que Jesús las haga verdaderamente libres.

Marli Spieker
Fundadora del
Proyecto Ana

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