Sé sincera contigo misma

Queremos compartir la carta de esta madre a su hija adolescente que ya no estaba en su casa paterna.
«Mi querida hija,
¿Recuerdas aquella vez que me pediste para ir a una fiesta justo cuando estabas por dar un examen? Yo te dije que no, pero tú continuaste insistiendo. Cuando te repetí que no irías, sin darte una opción, de mala gana obedeciste.

Yo creo que en realidad sabías que no deberías ir, pero debido a que todos tus amigos irían, pensaste que no te la podías perder. Después de eso, estuviste contenta de haberme obedecido. Sabías bien lo que debías hacer y cuando yo te dije que no, tu voz interior te decía que yo estaba en lo correcto. Ese es mi privilegio que tienes como hija. Puedes depender de tus padres para evitar el hacer cosas equivocadas.

Pero de ahora en adelante, tendrás que muchas decisiones por ti misma. Has crecido y aprendido lo que está bien y lo que está mal, una completa escala de valores de la cual extraer, la manera en que las cosas deberían ser hechas y que constituirán una conducta aceptable. Así lo hizo tu familia o ese fue su punto de vista.

Durante tu tiempo en casa has tenido muchas oportunidades de poner a prueba estos valores. Ahora que debes decidir tú, ¿son tus propios valores? Por ejemplo, te enseñamos a no devolver mal por mal, a no mentir ni engañar. Tendrás que enfrentar circunstancias cuando seas tentada a mentir, engañar o contestar mal. ¿Cómo elegimos para saber que hacer?.

Yo he encontrado que me es muy útil recordar los consejos que me daba mi madre. Recuerdo que ella me contaba de su propia madre y los recuerdos que guardaba acerca de una mujer muy amable y caritativa. Tu bisabuela era una mujer que sentía una tremenda compasión por la gente que vivía en las calles. Recuerdo como le gustaba repartir comida caliente por las nochecitas a quienes no tenían hogar. Ella nos pasó una tradición de bondad. Bueno, te diré que las dos abuelas eran así, mujeres de espíritu fuerte y muy emprendedoras. La herencia e influencia que dejaron es su bondad y su espíritu perdonador.

Cuando era joven mis padres solían enseñarnos cómo comportarnos cuando visitábamos a nuestros amigos. Recuerdo que papá me decía, “no deshonres a tu familia con las cosas que haces”. Cuando un hijo se comporta mal, trae vergüenza a sus padres, por otro lado los hijos que se portan bien hacen que los padres se sientan orgullosos y honrados.

Evitando pequeñas tentaciones te preparas para evitar las grandes, como esos asuntos de moral. Pero cuando estás rodeada de situaciones donde la tentación es fuerte, ¿qué haces entonces?. Te diré lo que a mi me sirvió. Decir NO, si estás en la duda. Decir no a eso que crees que está mal será tu única arma de defensa. Hay poder en decir no y disparar lejos de la tentación. Una vez que logras decir no, te sentirás en paz contigo misma. La próxima vez te será más fácil.

Elegir hacer el bien o el mal se transforma en un hábito. La primera vez puede ser que te hagas algunas interrogantes acerca del asunto, pero pasando el tiempo y repitiendo lo que haces si está mal, esa voz interior se va apagando y ya no te molesta más. Ya no te parece tan malo. Quizá hasta te goces haciéndolo. Esta es la parte más triste. Cuando no puedes diferenciar entre lo correcto y lo equivocado, has perdido tu sentido de los valores.

¿Cuáles son los beneficios de andar por el camino correcto?. Me temo que a menudo pareciera no tener beneficios en absoluto. Muchas veces, el mentiroso es quien gana los favores y el ladrón el que se vuelve rico. Es difícil aceptar el hecho que por hacer el bien, a menudo parezcas ser el perdedor. Pero ten bien en claro que hay por lo menos una persona con quien debes vivir el resto de tu vida y esa eres – tu misma – .

Te ama, tu mamá.»

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