«Un toque significativo»

Quiero contarte hoy un relato acerca de Jesús. El es el hijo de Dios y tiene el poder para sanar. Un día cuando bajó de la montaña, grandes multitudes le seguían. Un hombre con lepra vino y se arrodilló ante El y le dijo, “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Jesús lo alcanzó y lo tocó. “Quiero”, dijo Jesús, “Sé limpio”. Inmediatamente el hombre fue curado de su lepra.

Muchos de los que Jesús sanó eran considerados desterrados o parias. Intocables. Podemos ver la gran compasión de Jesús por ellos porque El no tenía temor de tocar a la gente con lepra. En los días de Jesús, nadie quería acercarse a ellos, mucho menos tocarles. Así que cuando la multitud vio que Jesús tocaba al leproso, fue una poderosa muestra de amor.

Ser intocable es sentirse no amado. El leproso que Jesús sanó volvió corriendo a su casa regocijándose, no sólo porque su salud física había sido restaurada, sino también porque el sería aceptado otra vez por sus amigos y familiares.

Se de una jovencita llamada Sandra que, como el relato del leproso, ella no se sentía amada ni aceptada por las personas que la rodeaban. Un día en la escuela, la profesora pidió a los estudiantes que compartieran lo que les gustaba y no les gustaba de ellos mismos. Con su cabello largo cubriendo su rostro, Sandra no dijo ni una sola palabra cuando llegó su turno para hablar. La maestra acercó su silla más cerca de ella y amablemente repitió la pregunta. Aún así hubo silencio.

Finalmente Sandra se paró y tiró hacia atrás su largo cabello. La maestra pudo ver una mancha de nacimiento grande y roja que cubría la mitad de su rostro. “Esto indica por qué yo no me quiero a mi misma”, gritó la jovencita. La maestra se sintió conmovida. Ella se inclinó y dio a Sandra un abrazo y le besó justo sobre la marca en la mejilla. Que significativo fue ese toque para Sandra. “Está bien, querida”, dijo la maestra, “Dios y yo aún así creemos que eres hermosa”.

Sandra se quebrantó y lloró mucho, “Yo he querido tanto que alguien me abrazara y me dijera lo que usted me dijo. Por años ni aún mi propia madre ha tocado mi rostro”.

Como ves mi amiga, un sencillo acto de ternura puede significar tanto para una persona. Un significativo toque comenzó la sanidad de una larga vida de soledad y pena.

Recuerdo que alguien dijo una vez, “El mundo dibujó un círculo y me dibujó a mi fuera de él. Dios dibujó un círculo y me dibujó dentro de el”. Sabes, podemos alcanzar a los de afuera y dibujar a las personas dentro de un círculo de amor con un abrazo, un beso o un toque cariñoso y significativo. Encierra con tus brazos al que le falta amor y se siente solo, ¡te sorprenderás!

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