Editorial Julio 2008

Querida amiga:
Mientras te escribo, estoy en Delhi para una conferencia de entrenamiento del nuevo equipo de producción de Mujeres de Esperanza Internacional- un grupo de productoras de la India, África y Australia. Algunas de ustedes han estado orando por esta conferencia y es un gozo ver a Dios obrando. Sus oraciones son de verdad nuestra línea de vida. El entrenamiento con estas damas me recuerda los humildes comienzos del Proyecto Ana…

en el Sudeste de Asia- el lugar de nacimiento del Proyecto Ana – hace ya 10 años.

Aprecio las lecciones de valor que aprendí allí a través de cristianos maravillosos- mujeres y hombres llenos de una genuina pasión por Dios y compasión por los perdidos. Algunos de ellos están aún hoy sirviendo con el Proyecto Ana, y yo he visto a Dios usándoles de manera milagrosa como canales de Su gracia. Están penetrando las oscuridades y alcanzando a las mujeres donde sea a través de los programas Mujeres de Esperanza, un movimiento vibrante de oración y manos compasivas en el ministerio.

Hoy te invito a orar fervientemente por los equipos de Proyecto Ana en el Sudeste de Asia y por las mujeres a quienes ministran. Dios ha bendecido el ministerio, permitiéndole florecer de maneras que nunca soñamos en Camboya, Malasia, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Myanmar y Filipinas.

Mientras escribo esta carta, las personas en Myanmar aún están luchando con las consecuencias de la horrible devastación causada por el ciclón Nargis. Miles de víctimas perdieron a sus seres queridos, sus propiedades, su ganado y lo demás. Están sin alimentos apropiados y agua para beber, y ha sido difícil volver a la vida normal. Ellos necesitan nuestras oraciones.

Aunque el Nargis apunta a una gran tragedia, mi corazón se duele por los millones de mujeres asiáticas que enfrentan una clase de destrucción más grande como lo es una pobreza paralizante, el tráfico humano, el VIH, la esclavitud sexual y más. ¡Aún en tales circunstancias desesperantes, Jesús promete que nuestra fe en Él traerá la victoria! Podemos ganar esta batalla espiritual con el Rey Jesús, el gran restaurador del alma, el dador de esperanza, el poderoso Salvador, nuestro Dios.

Los resultados que hemos visto en el ministerio de Proyecto Ana en el Sudeste de Asia son prueba de lo que Dios puede hacer a través de nuestras oraciones y compromiso. El puede hacer mucho más de lo que pedimos o imaginamos, de acuerdo a Su poder. Con esto en mente, continuemos con la misma fe como la de esta mujer de Myanmar: «Confío que multitudes de mujeres se beneficiarán de una fuerza espiritual incalculable a través de Mujeres de Esperanza como me beneficio yo»

Gracias por tu participación en esta maravillosa tarea de orar.

Marli Spieker

Fundadora y Defensora

Proyecto Ana

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