Editorial Agosto 2008

Querida amiga:
Gracias por doblar tu corazón y tus rodillas mientras oramos juntas este mes. Jesús dijo que todo lo que pidamos en Su nombre se nos dará. Sabemos que esto es verdad, pero a veces las montañas delante de nosotros parecen demasiado altas y no tenemos la fe “como una semilla de mostaza” para decir: “¡Montaña, quítate de mi camino!” Quiera Dios ayudarnos a aferrarnos a la promesa de Jesús que nuestra fe en Su poder, expresada en nuestra oración intercesora, haga que nuestras montañas se muevan.

Las mujeres en China, el país más poblado del mundo, enfrentan diariamente desafíos como montañas. Las tradiciones antiguas unidas al progreso moderno continúan denigrándolas. Muchas resuelven suicidarse para escapar de una vida indigna y sin esperanza. Su valor no depende de lo que son, sino de lo que hacen y cómo lo hacen. Mientras elevamos delante de Dios a millones de mujeres chinas, estamos orando estratégicamente por una nación que desesperadamente necesita la luz del evangelio. Debemos creer que el poder liberador de Dios, desatará a las mujeres del temor y el pecado para que puedan elegir la vida y no la muerte, hoy.
Oremos también especialmente por los miles de padres que han perdido a sus únicos hijos durante el terrible terremoto hace varios meses. Sus altas montañas de dolor y sufrimiento estarán allí por años en el futuro. La mayoría de estas madres no conocen a Dios y enfrentan esta terrible y fría montaña por si mismas. Que las que conocen al Señor puedan alcanzarlas y consolarlas. Ore por el Ministerio de Proyecto Ana para que limpie sus lágrimas y las guíe a Jesús. Si se sometiera al mandato de Dios, China podría usar su poder emergente y su influencia, su antigua y rica cultura como un faro de esperanza y justicia en el mundo. Afortunadamente, desde la Isla de Guam, los poderosos transmisores de Radio Trans Mundial cubren el país cada día con el mensaje de vida, esperanza y salvación en Jesús. Y el programa de radio Mujeres de Esperanza del Proyecto Ana está influyendo en familias enteras y transformando sus vidas.
¿Orarás con nosotras y con confianza, querida amiga? No importa cuan alta o cuan grande sea la montaña de sufrimiento físico, emocional y espiritual que las mujeres enfrenten- ¡Será removida!
Gracias por hacer el trabajo más importante de orar con nosotras.
En Su asidero de gracia:

Marli Spieker
Fundadora, Defensora
Proyecto Ana

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