«El toque compasivo»

Editorial Agosto 2008
7 agosto 2008
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11 agosto 2008

Señor, estoy profundamente perturbado,
por la inhumanidad del hombre con el hombre,
por el “señor” del barrio pobre que explota al pobre,
los sistemas de inmigración que cierran puertas,
el racismo que castiga a una persona
por el color de su piel.Señor, estoy profundamente perturbado,
por la inhumanidad del hombre con el hombre,
por la esposa maltratada,
el incesto,
y la pornografía infantil.
Señor, estoy profundamente perturbado,
por la inhumanidad del hombre con el hombre.
Su crueldad sensual,
por las palabras descuidadas que hieren hasta el corazón,
por la mirada que mata,
por la humillación en público.
Señor, estoy profundamente perturbado,
por la inhumanidad del hombre con el hombre.
por su insensibilidad y autosuficiencia,
por la necesidad de ganar,
de tener siempre la razón
de llegar a la cumbre.
Señor, estoy profundamente perturbado,
por la inhumanidad del hombre con el hombre.
Debe existir un camino mejor,
pues este mundo de competencia despiadada no saldrá airoso.
Un hombre no puede vivir solo,
no puede atravesar la vida sin confiar en nadie;
necesita tener a alguien con quien hablar,
alguien en quien poder confiar,
al menos una persona con quien compartir
su corazón.
Tiene que haber alguien que crea en él,
alguien que vea su grandeza interior,
por lo menos una persona que conozca sus sueños
para soñarlos juntos.
Señor, quiero ser ese hombre,
la persona confiable,
el que ve las posibilidades,
el que descubre la grandeza interior y le habla.
No puedo hacer mucho
en lo relacionado con la explotación económica
ni con los sistemas políticos de represión,
pero puedo escuchar con amor,
prestar una mano de ayuda,
compartir una comida,
y dar una palabra de ánimo
en el momento de desesperación.
Esto puede parecer poco,
lo reconozco, no es una panacea
para la inhumanidad del hombre con el hombre,
pero si por lo menos puedo hacer más liviana
la carga que lleva una persona,
y que el sueño de una persona sea un poco más nítido,
si me puedo atrever a entregarme a la bondad
de cuando en cuando,
entonces, puede ser, sí, puede ser,
que alguien más se sienta inspirado a tratar de ser bondadoso,
¡y quien sabe lo qué podría suceder entonces!.

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