Un toque de vida

Recorriendo algunas ciudades de nuestros países he visto algún hospital o clínica con el nombre de «El Buen Samaritano» Seguramente este título ha sido tomado de una conmovedora historia narrada en la Biblia cuando un hombre de Samaria prestó los primeros auxilios a un viajero que fue asaltado por ladrones en el camino quedando tirado en el lugar y casi muerto. ¿Cómo te sentirías si vieras a alguien tirado junto al camino o calle mientras vas conduciendo tu coche? ¿Te bajarías para ayudarle o tendrías temor aún para detenerte en el camino?

Una amiga nos relató una experiencia vivida en la ciudad de Nairobi, África en ocasión cuando asistió con su esposo a un congreso en dicha ciudad. Uno de esos días, varios de los asistentes, decidieron salir de compras. Subieron a un mini-bus para cruzar la ciudad de Nairobi y visitar uno de los mejores mercados turísticos, a media hora de allí. Se acomodaron en sus asientos pero apenas al cruzar el portón del centro de conferencias, nuestra amiga pidió que el chofer se detuviera pues del lado de la calle estaba un hombre tirado, indefenso, con su rostro en tierra. Todas quisieron saber si estaría enfermo, si habría sido golpeado, aún si estaría muerto. Un grupo de varones de una escuela observaban desde la vereda de enfrente a quienes les preguntaron Qué había sucedido. Sin importarles demasiado, respondieron que le vieron salir del centro de conferencias y luego se cayó. «El debe estar borracho» sugirieron los muchachos.

El esposo de nuestra amiga, sin embargo lo sentó y le sostuvo por los hombros. No tenía fuerzas ni para sostener su cabeza firme.

Cuando esta persona recuperó un poco su lucidez trató de decir algo pero nadie le entendía. Luego respirando profundamente y con gran esfuerzo dijo…»azúcar, azúcar»

Gracias a Dios alguien le interpretó y dijo…»Sí, azúcar…es diabético!, Miren allí a su lado la botella de insulina y la jeringa». …Todas entonces pensaron que se habría desmayado y que necesitaría en forma urgente un poco de azúcar. Comenzaron a buscar en sus bolsos y encontraron barras de chocolate, caramelos o dulces y una de ellas regresó a la cocina del centro de Conferencias y logró tener leche y pan. En menos de diez minutos lograron juntar más comida de la que necesitaba. El comió un poco de todo y enseguida comenzó a sentirse más fuerte. El hombre contó entonces su historia.

Había venido al centro de Conferencias buscando a un amigo que por años le ayudó a comprar la insulina. El portero le informó que esa persona se había retirado hacía un año de su trabajo. Entonces dio la vuelta para regresar a su hogar- con su corazón atribulado ya que estaba a una distancia a 80 kilómetros de esa ciudad, y sin insulina, sin comida y sin un centavo en su bolsillo. Seguramente todo esto le superó y atemorizado apenas a los 20 metros cayó desmayado al piso. El dijo: «No tengo insulina, ni comida, ni familiares en Nairobi, ¿qué hago?

Se miraron unos a otros y le preguntaron cuánto necesitaba para la insulina, y cuánto para el ticket de regreso a su hogar. Cada uno abriendo su cartera o bolso comenzaron a sacar algo de dinero. Se dirigieron a una farmacia donde le compraron la botella de insulina la cual se inyectó inmediatamente. Realmente la necesitaba y se sintió mejor. El hombre ahora tenía, comida, el ticket de regreso a su casa y algo de dinero.

Pero además de su necesidad física, también tenía una necesidad espiritual. Por tradición asistía a una iglesia pero no estaba seguro acerca de su relación con Jesucristo.

Una de las damas del grupo, le habló de la necesidad de buscar a Dios en una forma más íntima y personal. Dios tocó su corazón y él quiso aceptar a Jesús como su Salvador. Fue un día muy especial para este hombre. Parado junto al mini-bus se le veía renovado en sus fuerzas físicas, y renovado en su espíritu por la experiencia de saberse un hijo de Dios. Levantó su mano para saludarles con agradecimiento en su corazón y sintiéndose una nueva persona.

Nuestra amiga recordó entonces las palabras de la Biblia que dicen: (2ª. Corintios 5:17)

«Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas» y (Juan 1:12) Todos los que reciben a Jesús, los que creen en Su Nombre, les dio el derecho de ser llamados hijos de Dios»

El grupo continuó su viaje, y disfrutaron del día de compras. Sin haberlo pensado ofrecieron los primeros auxilios a una persona que realmente lo necesitaba tanto en lo físico como en lo espiritual.

Y sabes amiga, ¡cuánto quisiéramos serte de ayuda a través de este programa!

¿Te sientes sin esperanza? ¿Estás sufriendo por algo? Escucha estas palabras de Jesús. El dijo:»Vengan a mi los que están cansados y trabajados, y yo los haré descansar» (Mt. 11:28) Dios te ama…y quiere llevar tus cargas. Dale a Él esas cosas pesadas que te agobian. Entrégate a Jesús y pídele que tome control de tu vida. Jesús murió en la cruz para quitar tus cargas y para darte descanso y paz interior. Escoge vivir para Jesús.

1 Comentario

  1. ricardo santiago dice:

    es de gran bendicion …..tener en mis manos estos mensajes

    LA PAZ ……DE LA GLORIA DE DIOS …..ESTE SIEMPRE CON USTEDES

    RICARDO

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