Dios ve nuestro dolor

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El grano de café
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Permíteme preguntarte, amiga, ¿en este momento estás enfrentando en tu vida alguna clase de problema continuo y persistente? Podría ser un problema de salud o un problema familiar o una situación que arrastras desde hace tiempo y no sabes cómo manejarla?

Te he contado otras veces acerca de una mujer, cuya historia se encuentra relatada en la Biblia, y que sufrió por mucho tiempo de un problema de salud. (Marcos 5: 25-34) Ella estuvo sangrando por doce largos años. Visitó a los mejores médicos de su época pero ninguno pudo ayudarla. Gastó todos sus ahorros con tal de librarse de ese azote a su cuerpo y a su dignidad. Si una vez había sido hermosa y llena de energía, ahora, se le veía pálida y cansada. La sociedad la tildaba de “impura” lo cual la obligaba a mantenerse al margen de reuniones y encerrada entre las cuatro paredes de su casa. Esta pobre mujer estaba emocional, mental y físicamente quebrada… y muy sola.

Un día mientras se miraba al espejo, no podía creer lo que veía, sollozaba sin poder controlarse. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, estaba asustada de ver su cuerpo tan enfermo. Ella comprendió que su enfermedad era un problema continuo y persistente que no tenía solución desde el punto de vista humano.

Quizás tú que me escuchas habrás vivido o estás viviendo alguna situación aplastante, devastadora y podrías comprender lo que le sucedía a ella.

Un día, esta mujer a la cual no le sabemos el nombre, se enteró que Jesús, el Hijo de Dios, el Sanador y el libertador de los oprimidos se encontraba de paso por la ciudad.

Debilitada y cansada como estaba decidió que debía verlo. Era su oportunidad y no podía dejarla pasar aún si tuviese que ir arrastrándose hasta el lugar por donde pasaría ese día. Ella había escuchado acerca de los milagros que Jesús había hecho. De los enfermos que había sanado. Como un último rayo de esperanza se armó de coraje y salió a buscarle. Cuando llegó al lugar sintiéndose tambaleante por su debilidad se encontró con otro obstáculo, era demasiada la gente que le seguía y no podía acercarse con facilidad. ¿Qué hacer? No podía dejar pasar esa oportunidad, ese sería el día o nunca. Se armó de fuerzas … y se abrió camino entre la multitud hasta llegar a Jesús.

Parada allí frente a Él su corazón latía cada vez más fuerte… ella sabía que el momento había llegado… estiró su débil brazo y con su mano tocó la túnica del Señor. ¡Fue un toque de FE! Y al instante su sangrado cesó y ella supo que finalmente había sanado de aquella larga y terrible enfermedad. Eso fue un milagro maravilloso para ella. En silencio y rápidamente quiso retirarse del lugar, pero escuchó la voz de Jesús diciendo… “Quien me tocó?” El temor se apoderó de ella porque una mujer “impura”, no debía tocar a un hombre, era ir contra la ley … y ella acababa de tocar a Jesús. Asustada, no sabía qué hacer… pero Jesús dándose vuelta la miró a sus ojos y ella sabía que no podría escapar. Así que con temor y temblor se postró a sus pies y le dijo la verdad.

¿Qué hizo Jesús entonces? Lleno de compasión y comprensión no la condenó sino que destacó su fe, y la nombró con una palabra muy cariñosa, muy dulce. La llamó “hija”.

¡Cuánta ternura saliendo de los labios de Jesús…! Y lo hizo delante de toda esa multitud, inclusive delante de los que pretendían condenarla. Nadie por años le había mostrado tanta comprensión. Jesús la despidió diciendo… “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote” Ella se alejó sintiéndose sana en su físico y en si alma y corazón. ¡Qué maravilloso!

La Biblia nos dice: “Jesús es el mismo, hoy, ayer y por los siglos”  Qué bueno saber que lo que hizo por esta mujer puede hacerlo por nosotras hoy.

Quizás tú amiga, estas pasando por alguna pena, dolor o sufrimiento y te sientes sola. Quiero que sepas que Jesús se interesa por ti. El es compasivo, conoce tus cargas y ve tus lágrimas. Todo lo que debes hacer es pedirle que te ayude, que te socorra. El escucha tu voz porque siempre está atento a nuestros ruegos. Confíale tus problemas y espera en Dios, Él nunca falla.

Que el Señor te bendiga y te ayude en todas tus cosas.

Entrégale tu vida y tu corazón a Jesús.

1 Comment

  1. hola soy una de las tantas seguidoras del programa de radio transmundial y quisiera llegar hoy a ustedes mandandoles mis felicitaciones por su espacio y por llegar a nosotras por medio de este medio que es de gran bendicion para nosotras,desde ya les digo que el Señor ha sido el que me a sostenido por estos ultimos años de mi vida,por los cuales he atravezado por ese desierto arido y seco que nos toca pasar permitido por el pero con un proposito especial,el nos conoce y sabe de nuestros problemas y necesidades y hoy puedo dar gracias a dios por eso porque desde ese momento el trato conmigo y me saco adelante y hoy puedo decir soy libre! de la maldad y el pecado y le sigo solo a el mi jesus ,mi salvador y señor,mi libertador y hoy puedo dar mi testimonio de fe y esperanza y espero que sirva para animar a otras almas que como yo se encontraban solas,no estan solas nuestro buen paSTOR VA DELANTE NUESTRO Y NOS CUIDA,un beso grande y muchas bendiciones

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