Jesús el Sanador

Queremos compartir ahora una historia maravillosa de los tiempos en que Jesucristo anduvo sobre la tierra haciendo muchos bienes. En una ocasión calmó la tempestad en un mar embravecido y Él le habló y todo quedó en calma. En otra ocasión hemos escuchado cómo hizo Jesús que un espíritu demoníaco saliera de un muchacho y le dejara vivir en paz. Como hoy hemos hablado acerca de las enfermedades de la piel queremos contarte cómo Jesús sanó a un hombre enfermo de lepra.

En los tiempos antiguos la gente temía a las enfermedades de la piel, tales como la lepra. ¿Sabes lo que es la lepra?

Quizás todas sabemos algo. La lepra es una enfermedad infecciosa. Puede causar que la persona enferma pierda sus dedos porque no siente ningún dolor allí y no se da cuenta cuando se golpea o lastima. A veces puede perder su nariz también. Ahora se puede curar con medicinas apropiadas, pero en algunos lugares la gente aún hoy tiene temor de los que padecen de la lepra u otras enfermedades de la piel. En los tiempos de Jesús se les llamaba “inmundos” y se les obligaba permanecer lejos de las otras personas.

Realmente, una situación terrible. Lo mal que nos sentimos cuando se nos pide quedar en casa por una semana… imagínate permanecer por toda tu vida lejos de tu hogar, sin nadie que te toque y te demuestre cariño… realmente humillante y triste…

Quiero contarte una historia verdadera de la Palabra de Dios- (Marcos 1: 40-45)

Jesús había estado enseñando y predicando acerca de Dios en las villas y ciudades y llegó a ser bien conocido por las personas. La Biblia dice: “Jesús sanó a muchos que estaban enfermos con toda clase de enfermedades y sacó fuera muchos demonios.” (Marcos 1:34)

Un día un hombre vino a ver a Jesús. Estaba sufriendo de una de esas terribles enfermedades de la piel. No se atrevía tocar a Jesús, pero se arrodilló en el piso y le suplicó por ayuda- “Si tu quieres puedes limpiarme” dijo el hombre. Jesús lleno de compasión, extendió su mano y tocó al enfermo. “Quiero, sé limpio”. Al instante, la enfermedad le dejó y la piel del hombre se veía limpia y sana. Luego Jesús le tomó aparte y le habló seriamente: “Mira, no le digas a nadie acerca de esto, pero ve y preséntate ante el sacerdote para que te examine. Luego toma la ofrenda que ordena la        Ley de Moisés para los casos en que la enfermedad de la piel es curada. (Levítico 14:1-32) Esto probará a todos que estás realmente curado.”

Detengámonos un momento aquí para reflexionar sobre lo que sucedió. ¿Qué estaba mal en la vida del hombre que se acercó a Jesús? Tenía una enfermedad de la piel que la gente temía tocarle. No sólo estaba enfermo sino que se sentía triste y solo. No se atrevió tocar a Jesús pero le pidió algo. Arrodillándose le dijo…”Si quieres, puedes limpiarme” porque a esta clase de gente le llamaban inmundos, sucios… No se sentía digno de estar entre las personas de la ciudad.

Pero Jesús, lleno de compasión quiso sanarlo e hizo algo más, muy significativo para este enfermo que estaba sólo y alejado del resto de las personas… extendió su mano y le tocó.  El toque de la mano de Jesús tiene que haber sido muy significativo para alguien que no tuvo contacto físico por tiempo. ¿No te parece que todos necesitamos el abrazo, el saludo, el cariño de nuestros seres queridos y amigos?

Luego de sanarlo Jesús le dio al hombre una extraña recomendación… presentarse ante el sacerdote para que comprobara si realmente estaba sano. El sacerdote servía a Dios en el Templo y de alguna manera era como un doctor. Esa era la manera en que una persona podría declararse sana y libre de la enfermedad de modo que la comunidad se sintiera segura de recibirle nuevamente en su hogar. Cuando la persona quedaba sana debía llevar una ofrenda al Templo para mostrar lo agradecida que estaba y como una muestra de su limpieza de la enfermedad que le aquejaba.

Hoy día no necesitamos ir al templo para ser declarados que estamos bien pero siempre debemos estar agradecidas. Jesús quiere limpiarnos de una enfermedad mucho más seria que la enfermedad de la piel. Todos nosotros tenemos la “enfermedad del pecado” Hacemos y pensamos cosas malas que nos hace personas sucias a los ojos de Dios. Necesitamos venir a Jesús y pedirle que nos limpie. Él lo hará cuando admitamos que tenemos una enfermedad del alma, la enfermedad del pecado y pongamos nuestra confianza en Jesús que murió en una cruz derramando su sangre y Su vida por amor a nosotras. Si lo hacemos, el Señor nos dará un lugar en la familia de Dios.

Dice la Biblia que el hombre no pudo callar lo que le había sucedido y salió a contárselo a todos. Así mismo cada una de nosotras podemos contar a otros las maravillas que Dios hace en nuestras vidas si se lo permitimos. Estoy segura que Jesús quiere ayudarnos. ¿Lo quieres tú amiga? Confíale tu vida y te sentirás bien.

1 Comentario

  1. hector ardon dice:

    si has experimentado el toque sanador de jesus nuestro libertador entonces habras visto la gloria de DIOS el es el unico sanador que existe y sabes el espera por ti para sanarte de esa heridad que tienes no importando cuan grande sea lo qu e tienes que saber es que tenemos un jesus que es mas grandwe que la herida que tu tienes el espera por ti solo tienes que abrir las puertas de tu corazon para que el empiese a trabajar en tu sanidad bendiciones queridos hermanos el sanador DIOS LES ESTE BENDICIENDO EN GRAN MANERA

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