Jesús, Señor sobre la muerte

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Estamos tratando el difícil tema del cuidado del paciente terminal.

Para muchos de nosotros puede resultar bien difícil también, visitar a esta clase de enfermos. Nos da temor no saber cómo actuar frente a una persona en este estado.

Queremos decirte algunas palabras a ti si algún día de estos te toque enfrentar esta situación.

Tómalo con calma, sé tú misma cuando visites a alguien que está muriendo cada día un poco. Aún una corta visita será bienvenida. Como hemos dicho antes, la persona enferma quizás ya no hable pero puede escuchar a los que están en la habitación conversando y diciendo cosas. Puede ser un buen momento en que nosotras digamos al paciente que le amamos y cuánto valoramos todo lo que ha hecho y vivido. No tenemos porqué dejar las palabras de aprecio y reconocimiento tan sólo para decirlas luego en el funeral o en la sala velatoria,  Aprovechemos a decirlas mientras el ser querido nos pueda oir.

 

Si el enfermo es una persona joven no tengamos temor a las preguntas que nos pueda hacer. Habrá momentos en que no podremos responderle acerca de cosas que suceden en esta vida. Podremos sólo estar a su lado y compartir temas, especialmente aquellos momentos felices que nos vengan a la memoria.

 

Para una persona en este estado, hay temas más importantes y profundos a tener en cuenta y nos referimos a temas espirituales. Quizás nos quiera dar ciertas instrucciones acerca de cosas que le han quedado por resolver o nos quiera pedir algo.

Puede ser que quiera que le leas la Biblia y que ores, o tenga el deseo que le visite un pastor o un sacerdote.

El enfermo en etapa terminal quizás exprese algo en cuanto a su funeral o quiera pedirte que te ocupes de algún tema pendiente en su vida. Es importante dejarle saber que puede confiar en ti y que harás lo que te está pidiendo. Debes ser honesta y sensible a su necesidad. El doctor se acerca al familiar y le expresa esa terrible frase que no quisiéramos escuchar… “”No hay más nada que podamos hacer por el enfermo”

Debes saber que siempre hay algo más que puedes hacer. Estar con una persona que va a morir pronto es un gran privilegio; transitar con él o ella en los buenos y malos momentos. Descubrir maneras de hacer que sus días sean más confortables y más tranquilos, es importante. Todavía como puedes ver puedes ser útil junto al enfermo.

 

Algo que puedes hacer es pedirle ayuda a Dios… cómo luchar con esa situación… cómo darle los cuidados que está necesitando. Será muy importante para ti, después que el ser querido fallece, saber que has hecho lo mejor que estuvo a tu alcance, en vida del enfermo. Hemos sabido de familias que en vida no se soportan y luego de la muerte del enfermo hacen muchas demostraciones de sufrimiento. Eso ya no es necesario. Haz lo mejor de ti por la persona moribunda mientras está con vida.

 

Jesús- el Hijo de Dios- mientras caminó sobre la tierra mostró mucho interés por las personas con situaciones difíciles. Quiero compartir contigo uno de esos momentos en que Jesús desplegó todo su poder para ayudar a una familia que estaba sufriendo por la enfermedad y pérdida de su hija adolescente. Voy a leer esta historia en el Evangelio de Marcos capítulo 5: 21-42 y Lucas 8: 40-53 que dice así:

“Un día Jesús se encontraba cerca del lago rodeado de muchas personas cuando un hombre importante llamado Jairo vino a verle. Era un oficial de la sinagoga, la casa de oración de ellos. Jairo se arrojó a los pies de Jesús y le rogó fervientemente: “Mi pequeña hija está muy enferma, por favor ven pronto y pon tus manos sobre ella para que sane y viva. La niña era sólo de doce años. Mientras Jesús iba caminando con él, fue interrumpido por una pobre mujer. Tenía un serio problema… Jesús se detuvo a conversar con ella y la sanó. Al terminar, un mensajero vino de la casa de Jasiro y le dijo: “Tu hija ha muerto, no molestes más al maestro.” Jesús les escuchó y dijo: No temas, sólo cree y ella estará bien.”  Tomó a tres de sus seguidores y se dirigió a la casa de Jairo. Había confusión allí… muchos amigos y vecinos lloraban y lamentaban. Jesús quietamente les dijo: ¿Por qué lloran? La niña no está muerta, ella sólo duerme.”

La gente se burló de Jesús porque sabían que estaba muerto. Así que Jesús hizo salir a la gente de la habitación y tomando a sus tres discípulos y al padre y a la madre de la niña entró a la habitación. Jesús la tomó por la mano y dijo a la niña: “¡A ti te digo, levántate!” Y sabes una cosa… enseguida ella se sentó, salió de la cama y comenzó a caminar. La vida retornó a ella. Por supuesto, Jairo y su esposa estaban maravillados. Pero Jesús les dijo: “Denle algo de comer a la niña, y no digan a nadie lo que sucedió.”

 

El sufrimiento y la muerte nos llegará a todos los seres humanos. No importa si eres una persona importante como lo era Jairo, o si eres tan joven como la niña, puede llegar en cualquier momento a nuestras vidas.

Lo importante que todas debemos tener en cuenta es que Jesús tiene todo poder. Él puede devolvernos la vida si así lo desea o puede ayudarnos a pasar por el valle de la muerte confortando nuestros corazones para que lo hagamos en paz y en quietud.

Escucha las palabras de Jesús cualquiera sea tu situación. Él te dice: “No temas, sólo cree…”

Jesús es misericordioso y siempre está dispuesto a ponerse a nuestro lado y caminar junto a ti y a mi para fortalecernos en momentos de angustia y dolor.

Cuando ponemos nuestra confianza en Jesús sabemos que la muerte no es el fin, Él nos promete la Vida Eterna. Amiga, permite que Jesús, el Señor sobre la muerte y la vida sea parte de ti.

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