La mujer a los pies de Jesús

Es impresionante cómo la música puede calmar nuestro estrés y ayudarnos a estar más tranquilas. Personalmente me gusta escuchar música y también cantar. Me inspira cantar canciones que contengan palabras que me dicen algo y me hacen pensar y además me olvido por un momento de lo que me preocupa.

¿Qué haces tú para reducir el estrés? ¿Escuchas música mientras tomas una taza de té o un refresco? ¿Te sientas en un cómodo sofá y levantas tus pies para descansar? ¿Sales a caminar por un parque?

Creo que todas pasamos momentos de estrés de alguna clase. Por ejemplo en tu trabajo o frente a alguna situación familiar o de algún otro tipo de estrés que nos resulta difícil  poder hablarlo.

Hoy quiero compartir una historia de la Palabra de Dios, La Biblia, acerca de una mujer que probablemente estaba muy estresada… y seguramente para ella sería difícil compartirlo con alguien más. Pero ella descubrió una manera maravillosa de luchar con su estrés.

Esto que te voy a contar sucedió durante el tiempo que Jesús vivió sobre la tierra. A menudo Él visitaba a la gente y comía con ellos. A veces eran personas a las que la gente llamaba “pecadores.”- personas que habían hecho cosas que estaban en  contra de la ley de ese tiempo.- como engañar o cobrar más dinero del necesario acerca de los impuestos por ejemplo. Por supuesto que se  guardaban el cobro extra para ellos.

Otras veces Jesús comía con personas que pensaban de sí mismos como que eran “buenos.” Ellos guardaban las leyes judías y criticaban o perseguían a aquellos que no lo hacían.

Supongo que muchas personas no encuadrarían en el lugar donde Jesús parecía adecuarse en su sociedad. Por cierto que era judío, pero a menudo parecía decir y hacer cosas que los confundía y no se adecuaba a lo que ellos entendían de la ley judía.

Muchas personas llegaron a ser sus seguidores… vieron los maravillosos  milagros que realizaba sanando a las personas y aún resucitando algunos de los muertos. Estaban seguros que ese poder venía de Dios.

La historia que te quiero contar de la Biblia (Lucas 7:36-50) comienza cuando uno de los fariseos- uno que le gustaba guardar la ley, invitó a Jesús a cenar en su casa. Se llamaba Simón. Quizás tenía interés en hablar de ciertos temas de la ley con Jesús, o quizás tenía curiosidad de saber más acerca de Él. No lo sabemos. Habían sido invitadas otras personas también y estaban reclinados junto a la mesa según la costumbre de la época. Quizás sobre alguna esterilla o alfombra con los pies hacia afuera de la mesa.

Había una mujer a la que la Biblia llama “una mujer pecadora” que oyó que Jesús estaba comiendo en el hogar de este fariseo. Entró a la casa llevando un frasco de alabastro con perfume de nardo, muy fino y caro. Obviamente era una mujer que estaba muy atribulada.  Llegó hasta donde estaba Jesús, llorando se arrodilló y  comenzó a mojar sus pies con las lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza.  Luego besando sus pies abrió el frasco y le ungió con el perfume.

Pensemos por un momento,  ¿qué sucedería en nuestra cultura si alguien hiciera eso?  ¿Sería algo muy inusual y embarazoso que alguien te besara los pies y los limpiara con sus cabellos y los ungiera con perfume?

Creo que en mi cultura  sería algo inusual y pensaríamos que la persona está fuera de su sano juicio y más aún si todos los presentes reunidos alrededor de una mesa son sólo hombres hablando de sus negocios. No sería el lugar adecuado para que una mujer llegara y demostrara sus emociones.

Pero parece que a esta mujer no le importó si había otros en ese lugar. Como hemos mencionado antes, era bien obvio que ella estaba muy preocupada acerca de algo que estaba sucediendo en su vida. Pienso que habrá oído hablar de Jesús y que Él podía perdonar a las personas. Sus lágrimas podrían ser una demostración de dolor por algo que había sucedido en su vida.

Por algo que sucedió luego en esta historia sabemos que los presentes conocían de alguna manera a esta mujer. Por qué y cómo era que la conocían no lo sabemos pero escucha cómo continúa este suceso.

“Al ver esto el fariseo que le había invitado a comer, se dijo a sí mismo: “Si Jesús fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le está tocando porque es una pecadora.” Mientras Simón pensaba eso, Jesús volviéndose a él le dijo: -“Simón, tengo algo qué decirte.” Pues dilo Maestro, replicó Simón.

Antes de leer lo que le dijo Jesús quiero que notes algo. Le respondió a lo que el fariseo estaba pensando, porque sabía lo que Simón estaba diciéndose en su mente  y seguramente otros en la sala estarían pensando lo mismo, pero no se dieron cuenta que Jesús conocía sus pensamientos. Se habrá sorprendido cuando Jesús le dijo que tenía algo para decirle.

Jesús le contó a Simón acerca de dos personas que debían dinero: Uno debía 500 piezas der plata y el otro debía 50 piezas. Como ellos no tenían con qué pagar perdonó a ambos. Entonces-¿Cuál de estos le amará más? Entonces Simón le respondió: “Supongo que aquél que debía más dinero.”

Jesús le dijo: -Haz juzgado correctamente. Y vuelto a la mujer dijo a Simón: ¿Ves esta mujer arrodillada aquí?  Cuando entré en tu casa no me ofreciste agua para lavar mis pies del polvo del camino, pero ella me los ha lavado con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. Tú no me saludaste con un beso, pero desde que entré, ésta no ha cesado de besar mis pies. Tú no cumpliste con la cortesía de ofrecerme aceite de oliva para ungir mi cabeza, pero ella ha ungido mis pies con un perfume especial. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, puesto que amó mucho. Pero al que se le perdona poco, poco ama. Luego Jesús dijo a la mujer: Tus pecados te son perdonados.” Los que estaban con Él a la mesa comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que  hasta perdona pecados?

Entonces Jesús dijo a la mujer: -“Tu fe te ha salvado, vete en paz.”

¿Cómo crees que habrá reaccionado la mujer? ¿Estaría aún llorando? Puedo imaginar que no, y si tuviera lágrimas ahora,  serían de gozo por el perdón recibido. La mujer dejó el lugar, pero el perfume que ella derramó llenó la habitación.

Como ves, amigas, Jesús tiene la autoridad del Padre Dios para ofrecernos el perdón y el descanso para nuestras almas. Jesús puede dar paz a nuestros corazones como lo hizo con la mujer pecadora. Podemos llevarle nuestras penas y nuestras preocupaciones a Él en oración. Jesús siempre escucha y sabe lo que hay en nuestro ser interior y sabe librarnos de aquellas cosas que nos estresan y nos enferman.

Ora conmigo:

Padre Dios, gracias por Jesús Tu Hijo que descendió a este mundo para socorrernos y librarnos de aquellas cosas que nos esclavizan. Perdónanos por cosas que hemos hecho sabiendo que estaban mal y danos tu paz. Amén.

 

4 Comentarios

  1. Fernanda Valverde Cordova dice:

    A si es, es un gran alivio saber que contamos con alguien tan maravilloso que ha perdonado nuestros pecados, nos ha dado una nueva vida en Cristo Jesus Señor Nuestro, a el saa lo Gloria y el honor.

  2. Nestor dice:

    Que bueno es llevar nuestras preocupaciones a Jesus

  3. Mario Flores Mango dice:

    Dios es tan bueno.

  4. Sara Sánchez dice:

    Cual la mujer pecadora,a los pies del maestro estoy,suplico su compasión, pues miserable soy.Maestro me duele el alma,pues en un momento no te oí,tome la rienda de mi vida y hoy dolida estoy.Maestro acepta mi perfume de arrepentimiento y lava las manchas de mi alma,te necesito maestro,solo tú me das la calma.Lavo tus pies con mis lágrimas,más tú me lavas con tu sangre!!
    Maestro a tus pies estoy!! No me dejes,escucha mi clamor!!

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