¿Qué clase de mujer eres?

Hoy estaremos hablando acerca de la clase de mujeres que somos, así que veamos por dónde comenzamos para poder averiguarlo. Por lo menos, vamos a identificar a cuatro clases diferentes de mujeres por el sólo hecho de escucharlas cómo hablan  y dicen las cosas.

Veamos la primera de ellas. Mujer Confabuladora. Esta clase de mujer está llena de palabras amargas y acciones egoístas. Le gustan los chismes y decir cosas de otros que no son verdad. Envidia y critica a quienes la rodean. Le gusta alborotar el ambiente donde se mueve. Un día puede ser que actúe como tu amiga y al próximo día es tú enemiga… diciendo cosas que no son ciertas acerca de ti. ¡Ten cuidado de esta clase de mujer!

No suena nada bien lo que dices. ¡Espero no ser como ella! Tampoco me interesa tener una amiga con esas características.  Veamos la siguiente:

Se trata de la Mujer quejosa. Se queja de todo y de todos. Su conversación está llena de negativismo. Tiene mal temperamento y quiere que otros se unan a ella y arruina sus vidas también. ¿Conoces a alguien como ella?

Hay gente que se queja todo el tiempo acerca de todo. Veamos el próximo caso. Se trata de la Mujer que se saber dominar.  Esta clase de mujer piensa antes de hablar. Sabe cuándo estar en silencio. Da sabios consejos. Es considerada y amable. A las personas les gusta estar con ella porque les hace sentir cómodos.

¡Eso está mejor! Puedo pensar en algunas como ella. Realmente da gusto estar a su lado. Bueno… mencionemos una más… Está la Mujer cariñosa o cuidadosa… bien opuesta a la descuidada. Esta mujer puede ser honesta y hablar francamente y sin embargo animar al mismo tiempo. Es amable y un amor sincero fluye a través de sus conversaciones. A las personas les gusta estar junto a ella. ¿Conoces a alguien así? Vale la pena tener una amiga con estas características. Tiene hermosas cualidades, vale la pena ser como ella. Si pudieras mirarte en un espejo y observar tu vida interior… ¿Estarías contenta contigo misma? Te has preguntado: -¿Cómo me verán los demás al escucharme hablar?

Hoy estamos hablando de algo diferente a cómo nos vestimos exteriormente, es decir qué veríamos si el espejo mostrara nuestra vida interior, nuestro corazón y mente de la misma manera cómo podemos ver lo de afuera.

Aún no se inventó un espejo para medir la belleza interior pero podemos saber qué hay en nuestros corazones por las palabras que acostumbramos decir. Y sabes que lo que decimos probablemente será lo que tendrá más influencia sobre nuestra familia. ¿Te has dado cuenta que lo que dicen tus hijos, son las palabras que cada día escuchan de ti, especialmente si son pequeños aún?

Y si todavía no eres una mamá, estoy segura que habrás escuchado a niños pequeños hablando como lo hacen sus padres. Y no sólo eso, los verás imitando los mismos gestos y posturas. Mi amiga Ross me ha contado una divertida historia. Estaba con su nieta cavando en el jardín para plantar unas semillas cuando de pronto apareció un gusano gordo trepando hacia arriba de la tierra. La pequeña al verlo gritó: “Eso es asqueroso” y retorció sus labios. Ross mirando a su nuera con una sonrisa dijo: “Esa es tu culpa, sólo porque a ti no te gustan los gusanos le has enseñado a tu hija que ellos son muy feos.” Y se rieron juntas.

La abuela entonces explicó a su nieta que los gusanos eran muy especiales y que cumplen con una tarea especial, removiendo el suelo para que las plantas crezcan mejor. La mamá entonces se unió a la explicación que daba la abuela para ayudarle a entender que los gusanos son muy especiales y cumplen con una función útil.

Es una divertida historia, sólo me pregunto si la niña cambió de opinión después de eso. Seguramente que sí. La abuela me dijo que al otro día cuando la nieta fue al gimnasio, el tema del día fueron los gusanos. La profesora les hizo serpentear por entre los túneles como si fueran gusanos, como así también por todo el salón. Al terminar la lección de ejercicios, la niña tenía pegado en su mano y en uno de sus pies la figura de un gusano. Esa noche lloró pues de ningún modo quería que con el baño se le salieran las figuras. ¡Ella dijo que los gusanos eran buenos!

Es muy importante tener en cuenta que nuestros hijos nos miran…  nos observan y absorben todo lo que hacemos y decimos como valedero para hacerlo ellos también. Querida mamá… ¿Qué escucha tú hijo o hija? ¿Será que oye tus palabras controladoras, tu hablar quejoso, tus palabras de crítica y de enojo? ¿Eres de las que se quejan constantemente de todo y de todos? ¿Hablas muy fuerte, queriendo dominar y controlar? ¿Eres de las que gritan para hacerse oír? Piénsalo y pregunta a alguien que te quiere que te diga cómo eres en realidad. ¿Te animas? ¿O tienes la dicha de ser una mujer apacible que pronuncias palabras suaves y bien pensadas mostrando que tienes control de ti misma y puedes dar sabios consejos? ¿Acaso eres esa mujer con palabras cariñosas, mirada dulce que comprendes al otro y puedes darle palabras honestas, cariñosas y de ánimo?

¿Te gustaría estar junto a alguien así? ¿Mejor dicho; te gustaría ser esa clase de persona con esa fortaleza interior desde donde broten palabras dignas y de verdad?

Amiga, quiero decirte que nuestros hogares necesitan madres sabias, mujeres que sepan escuchar y aconsejar a sus hijos. Que ellos vean en ti esa persona de fortaleza interior, amable, cariñosa y comprensiva.

¿Te animas mirarte en el espejo de tu corazón y examinar lo que ves allí? ¿Y qué estarán viendo tus hijos? Recuerda, nuestros hijos necesitan ver y escuchar a madres amables, que controlen sus palabras e impulsos de tal manera que al imitarlas sus vidas se formen para ser personas de bien al ir creciendo y formar luego sus propios hogares.

La manera en que nosotras hablemos a aquellos que tenemos cada día a nuestro alrededor, producirá un efecto duradero en sus vidas. Nuestra posición como mujer, como madre, como tía, como abuela es una que ayudará a formar o destruir las vidas de la futura generación. Así qué, mírate al espejo de tu corazón y considera qué clase de mujer eres.

1 Comentario

  1. Seluna dice:

    amen! hermosa y sencilla reflexion.Gracias! Los pequeños, nuestros hijos e hijas, aprenden inminentemente de lo que ven que hacemos sus padres, no micho de lo que les decimos. son nuestras obras las que influyen, mejor aun sera si nuestras palabras y hechos en un sentido sabio y propositivo, influirá contundentemente en la vida de nuestros hijos. y aun cuando ellos lleguen a esa etapa , normal, de rebeldía, sus principios serán a los que vuelvan, por la certeza de bienestar que estos dan. Bendiciones para TODAS y sus Sagradas Familias alrededor del mundo. AsiSea, Amen.
    Con carino y respeto
    Seluna

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