¿Por qué somos pecadores?

Todos hemos pecado y estamos apartados de la gloria de Dios.
Romanos 3:23

 

Te sientes engañada cuando alguien te dice una mentira, te sientes engañada cuando alguien retiene importante información y no te la dice, eres engañada cuando alguien te conduce a creer algo que no es la verdad. Hoy en día vivimos en una sociedad con mucho engaño, críticas y mentiras. ¿Cómo podemos protegernos a nosotras y a nuestros niños de ser engañados?

Quiero recordarte una historia de la Biblia acerca de un hombre y una mujer que fueron engañados. Se les dijo una mentira y ellos la creyeron. Las consecuencias de ese engaño nos han alcanzado a través de la historia a ti y a mí.

En el principio, Dios creó un hermoso lugar y lo llenó de plantas, criaturas de mar, ganado y aves. Dios vio que todo lo que había hecho era bueno (Génesis 1: 21-22). Luego Dios hizo a un hombre y a una mujer. Ellos eran diferentes de las otras criaturas, porque la Biblia dice que Dios los hizo “a Su imagen” para que señorearan sobre el resto de la creación (Génesis 1: 26-27). Les dio un alma y un espíritu. Luego los bendijo y les dijo que fueran fructíferos y se multiplicaran y vivieran por siempre. Dios puso a este hombre, Adán, y a esta mujer, Eva, en un hermoso jardín, el Jardín del Edén (Génesis 2:8). Le dio a Adán una responsabilidad especial: cuidar del jardín (2:15). No tenían que trabajar para vivir ya que había mucha comida y agua para ellos. Dios solo quería disfrutar la compañía de sus únicos y especiales hijos. Él se paseaba y hablaba con ellos en el jardín, porque los amaba.

Dios dijo a Adán y a Eva que ellos podían comer del fruto de cada árbol en el jardín excepto de uno: El árbol “del conocimiento del bien y del mal”. Les advirtió que si comían del fruto de ese árbol de seguro que iban a morir (2:16-17). Dios los había hecho puros e inocentes y confió en ellos y les dio la libertad de escoger obedecerle o no. Satanás, quién sabía lo que Dios les había dicho acerca de este árbol especial, entró al cuerpo de una serpiente y se acercó a Eva. Le hizo una pregunta que parecía muy inocente: «¿De veras Dios os ha dicho: ‘No comáis de ningún árbol del jardín’?”. La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: ‘No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis’” (3: 1-3). Eva cometió un error al escuchar a un extraño que estaba determinado a engañarla. Comenzó a dudar de las palabras de Dios. Satanás no se dio por vencido; añadió otra mentira para hacer esta tentación más atractiva: «Ciertamente no morirán. Es que Dios sabe que el día que coman de él, sus ojos serán abiertos y serán como Dios, conociendo el bien y el mal» (3:5).

Me pregunto qué hubieras hecho tú en el lugar de Eva. El relato continúa diciendo: «La mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y codiciable para alcanzar sabiduría» (3:6). ¿Qué le había dicho Dios? No tocarlo. ¡Ella olvidó todo lo que se le había dicho y creyó esa mentira! Así que comió del fruto. ¿Has visto qué fácil resultó engañar a Eva? ¿Y qué hizo luego? Le dio a su marido que estaba junto a ella, y el hombre vio todo lo que pasó y tomó del fruto y comió también sin argumentar nada.

¡Qué fácil fueron engañados los dos! Escogieron creer a aquella serpiente mentirosa más que a su creador, Dios. La siguiente frase es muy interesante: «Enseguida sus ojos fueron abiertos» (3:7). Antes de desobedecer no tenían vergüenza, sin embargo ahora, de pronto sintieron vergüenza de su desnudez. Y tristemente, cuando Dios se presentó para caminar con ellos en el jardín, ellos se escondieron, porque sabían que habían pecado contra Dios cuando le desobedecieron. A esto se le llama “la humanidad caída”, porque el hombre y la mujer se apartaron de Dios, y así toda la raza humana sufre porque está separada de Dios.

Satanás está presente en nuestro mundo hoy, del mismo modo que estuvo con Adán y Eva. Conoce nuestras debilidades humanas. Aún hoy trata de engañarnos susurrando a nuestra mente que hagamos cosas que sabemos que a Dios no le agradan. Satanás no se da por vencido, pero tú y yo podemos escoger escuchar a Dios en lo que nos dice en su palabra y obedecerle, o escuchar las mentiras de Satanás y dejar que nos engañe.

La Palabra de Dios nos dice «Todos hemos pecado y estamos apartados de la gloria de Dios» (Rom. 3:23). Dios nos creó y nos ama, pero no puede aceptar el pecado. Por tanto creó una manera para que podamos llegar ante su presencia: Dios envió a Su Hijo Jesucristo a esta tierra, quien murió en la cruz por nuestros pecados. Él te da la oportunidad de creer en Jesucristo como tu único Salvador si le aceptas y crees en Él con todo tu corazón.

 

Jesús es el único camino que nos permite llegar a Dios.
Acéptale y cree en Él.

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