No estamos solas

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No estamos solas. Es el designio de Dios para nosotras estar relacionadas. Y nuestro relacionamiento con otros está continuamente cambiando. Nuevos relacionamientos regularmente vienen a nuestras vidas (matrimonio, familia, nacimiento de un hijo, amistad), mientras otros nos dejan o fallan (aborto, infertilidad, divorcio, viudez, enfermedad). Mientras caminamos a través de estas etapas de la vida, Dios es muy claro que Él es Emmanuel (“Dios con nosotros”) y que nosotras debemos estar allí unas para las otras.

¿Pero qué sucede cuando tu dolor es desconocido para otros? Aunque el aborto involuntario sucede entre un 10% a un 20% de los embarazos, estas cifras no significan nada frente a la soledad, la confusión, la vergüenza, la culpa y la depresión que sufren los padres.

Así que, ¿cómo luchas con la pena que viene con la pérdida de tú bebé? Cada uno sufre de manera diferente, pero necesitas tomarte el tiempo para hacer un duelo correcto. Tu esposo puede sufrirlo de una manera diferente a la tuya; por eso mantén una comunicación abierta y  comparte honestamente tus sentimientos, sin juzgar la manera en la que él está atravesando este momento. Juntos descubran una manera para conocer el significado de la vida de vuestro bebé, una manera de honrar y recordar a ese bebé.

Pero esto no significa que debas caminar sola este camino. Clama a Dios y acércate a otros. Únete a un grupo de apoyo a los que sufren en una iglesia o conéctate a algún grupo de apoyo online o algún ministerio sensible a la pérdida del embarazo. Muchos episodios de Mujeres de Esperanza tratan sobre el aborto y la infertilidad, ayudando a las familias a caminar a través de este tiempo difícil. Dios ve tu dolor y “está cercano a los quebrantados de corazón; Él salvará a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18).

Como cuerpo de Cristo, necesitamos estar junto a aquellos que sufren, valorando su pérdida, acompañando a ambos, a la madre y al padre, y darles el permiso para sufrir libremente y expresar sus emociones. Ora con ellos, mostrándoles compasión y esperanza. Rodéales con tu sostén y apoyo, aun si el tiempo pasa.

Dios puede consolarnos a través del ejemplo del sufrimiento de Jesús. Él fue denigrado y abandonado, y luego fue a la cruz solo, para morir. Jesús comprende nuestro dolor y experiencias difíciles. ¡No estamos orando a un Salvador muerto sino a uno que vive e intercede por nosotros en las alturas!

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