Esperanza en vez de violencia

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Queremos tratar en este artículo el tema de la esperanza porque seguramente todas la necesitamos de una u otra manera, porque vivimos en un mundo complicado. Atendí los otros días una llamada telefónica; era de una amiga que acababa de salir del consultorio médico donde se le había diagnosticado una muy seria enfermedad. Su ánimo quedó por el piso y necesitaba hablar con alguien en ese mismo momento; estaba realmente asustada. Las enfermedades que atacan nuestros cuerpos a veces son tan agresivas que nos dejan devastadas. Tuve que pensar rápidamente qué le diría a mi amiga para levantarle el ánimo. Sabes que de igual manera hay una terrible enfermedad del alma, una enfermedad mortal a la que la Biblia llama «pecado». El pecado es una cruel enfermedad que puede invadir todas las áreas de nuestra vida. Es esa rebelión y desobediencia a Dios que ha afectado a todos los seres humanos.

Una de las más agresivas y visibles formas del pecado es la violencia. La violencia corroe a la persona cuando se deja dominar por ella y también contamina y destruye a las personas que viven con la violencia. Desgraciadamente esta es una terrible realidad en muchos hogares. Hemos hablado ya un poco acerca de sus consecuencias: trauma emocional, abuso físico, aun el suicidio y el asesinato son algunas de las horribles consecuencias. Hogares violentos producen hijos violentos quienes por lo general se transforman en ciudadanos violentos, y los ciudadanos violentos producen una sociedad violenta. Si miramos a nuestro mundo hoy, veremos guerras y violencia, especialmente contra las mujeres y las niñas, niños y adolescentes. Te estarás preguntando: “¿Hay alguna esperanza cuando el odio es la herencia de mi vida?”. “¿Hay alguna esperanza cuando la violencia domina mi hogar?”.

Debes saber que el problema más profundo de la humanidad no es político ni es económico, sino que la raíz de todos los problemas en la vida es el pecado. El pecado es la desobediencia y rebelión contra Dios en nuestros corazones, y causa la violencia. Solo el poder de Dios puede cambiar las cosas porque para Dios “todas las cosas son posibles” (Marcos 10:27). ¿Estás dispuesta a creerle a Dios? Solo Él puede dar un cambio total a nuestra situación. Pensando acerca de esto, recordé la historia acerca de Pedro, un seguidor de Jesús que se encuentra en el Evangelio de Mateo capítulo 14 (versículos 22 al 33).

Pedro fue una persona de carácter firme y se propuso seguir a Jesús cualquiera fuese el costo. Una noche tormentosa junto con unos amigos iban en un bote cruzando un lago. El viento tiraba el barco en todas direcciones. El viento se hacía sentir. Jesús no estaba con ellos en ese bote. Había ido solo a la montaña a orar. Cuando la tormenta se puso muy peligrosa, los amigos de Jesús perdieron la esperanza. Entonces Jesús vino hacia ellos caminando sobre las aguas. Al principio los hombres gritaron de temor pensando que era un fantasma. No se dieron cuenta de que era Jesús, hasta que les habló y les dijo: “¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo!”. Pedro respondió: «Señor, si eres tú manda que yo vaya hacia ti sobre las aguas». ¿Y sabes qué sucedió? Jesús le dijo «¡Pedro, ven!». Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!». En seguida Jesús le tendió la mano y sujetándolo, lo reprendió: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. Cuando subieron a la barca, se calmó el viento, y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: «¡Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios!».

Esta historia bíblica nos da una respuesta de esperanza a una situación aparentemente sin esperanza. ¡Tú no caminarías sobre las aguas! ¡Pedro experimentó un milagro aquí! Él iba bien hasta que comenzó a poner más atención en su entorno violento que en Jesús. Entonces estuvo en un problema. Le faltó fe y comenzó a hundirse. Quiero que sepas que Jesús es la respuesta de Dios a todos los sufrimientos y la violencia en este mundo. Él es el Salvador y la esperanza para todo aquel que cree en Él. Eso es exactamente lo que esta historia acerca de Pedro nos enseña. Si crees en Jesús con todo tu corazón y si le permites que te limpie de todo pecado y temor, puedes estar confiada aun en los ambientes más temerosos. Las circunstancias o lo que sea que pase a tu alrededor no debe determinar la actitud de tu corazón. Si Jesús vive en ti, habrá esperanza aún en las circunstancias más temibles. Escucha lo que dice la Palabra de Dios a aquellos que pusimos nuestra confianza en Jesús: “Porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo” (1ª Juan 4:4).

Como ves, ¡hay esperanza! Aun cuando tus fuerzas falten debido a las circunstancias llenas de violencia y temor, recuerda que Jesús te está pidiendo que vayas a Él y camines sobre las tumultuosas aguas. Hay esperanza a pesar de la violencia si crees en Jesús y caminas mirándolo solo a Él. Hay esperanza si confías en Él porque la Biblia nos dice: “Pues estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los demonios, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni nada creado podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:38-39).

Te invito a orar conmigo:

Dios nuestro Padre Celestial:
Gracias por la maravillosa esperanza que nos has dado en Cristo Jesús. Gracias por tu amor tan grande que experimentamos cada día de diferentes maneras. Ayuda a mi amiga oyente si está pasando por algunas situaciones difíciles. Dales fortaleza espiritual a las que sufren violencia para que encuentren pronto una salida a su situación agobiante. Líbralas del mal.
En el Nombre de Jesús, amén.

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