Padre e hijo

Quiero contarte una conmovedora historia de la Biblia  que nos habla de un padre y su pequeño hijo. No se trata de una lección de disciplina sino más bien de un padre y un hijo que se amaban el uno al otro. El relato de un padre cuya fe había sido probada por Dios-y un hijo que aprendió mucho por el ejemplo de su padre.

Nos dice la Biblia que un día ambos salieron juntos del hogar acompañados por dos sirvientes. Caminaron durante tres días cuando de pronto el padre dijo a los sirvientes: (Gén.22:5) “Esperen aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos a la montaña para adorar, y volveremos”

Así que los dos salieron hacia la montaña con un atado de leña, que el padre dio al hijo para que lo llevara sobre sus hombros mientras que él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. El hijo estaba entusiasmado con este viaje junto a su papá…era hijo único, joven, y puede ser que nunca antes se había alejado de su mamá, por tanto se sentía especial. Pero los sentimientos del padre eran bien diferentes. Lo que el hijo no sabía era que tres noches antes, Dios le había hablado y le dijo (Gen 22:2) “Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí sobre un altar, sobre uno de los montes que yo te diré.

 

Si yo fuera el padre, estoy segura que le preguntaría: ¿Qué pasa?, ¿De qué estás hablando? Tantos años he esperado para que me des este hijo que me has prometido, Y ahora me pides que lo sacrifique? ¿Cómo puedes pedirme algo así?

 

Muchos años antes que esto sucediera, Dios le había hecho tres promesas a Abraham que antes se llamaba Abram.  Dios le pidió que dejara el confort de su país, su familia y sus parientes y que saliera de allí (Gén. 12:1) Y que se fuera a la tierra que le mostraría.

(v2) Y Dios le dijo: “Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y en segundo lugar  engrandeceré tu nombre, (serás famoso) y en tercer lugar serás bendición a muchos. En ese entonces Abram tenía 75 años.

Pasando el tiempo y cuando Abram tenía 99 años Dios le recordó lo que le había dicho: (Gén.17:1-5) “Yo soy Dios todopoderoso. Si me obedeces y siempre haces lo correcto, yo mantendré mi solemne promesa y te daré muchos descendientes que ni los podrás contar.  A esta altura Abram podría haber dicho; “Ya todo eso te escuché decir antes y nada se me ha cumplido”. Pero no fue así pues él era un hombre de fe. Silenciosamente se inclinó a tierra y escuchó lo que Dios le decía, “Te prometo que serás el padre de muchas naciones. Es por eso que ahora cambiaré tu nombre de Abram Abraham. Que significa “padre de muchos” (v15). Luego Dios continuó: Abraham, ahora el nombre de tu esposa será Sara. Yo la bendeciré y tendrás un hijo de ella. Ella será madre de naciones.” Una vez más Abraham se inclinó a tierra pero esta vez sonreía mientras pensaba. “Tengo casi 100 años. ¿Cómo puedo llegar a ser padre? Y Sara que ahora tiene 90…¿cómo podrá tener un hijo? Y Abraham comenzó a reir.

 

Pero…sucedió…cuando Abraham tenía 100 años, su hijo nació, y le llamaron Isaac que significa “risa”…un nombre bien adecuado, ¿No te parece? Y Sara también se rió de gozo. “Dios me hizo reir” dijo Sara. “Ahora todos se reirán conmigo…en mi vejez le di un hijo a Abraham. Qué tiempo maravilloso fue ese para Sara y Abraham.

 

Pensemos ahora otra vez en el padre y su hijo que iban camino de la montaña para realizar el sacrificio. Abraham ya no se reía…imagina qué estaría pensando, “después de todo este tiempo sin hijo, y luego que Dios nos dio este niño prometido,  porqué estará pidiéndome que se lo devuelva”  Y el hijo que estaba acostumbrado de ver al padre realizar sacrificios a Dios antes le hace una pregunta que supongo Abraham hubiera deseado que nunca se la hiciera. El hijo preguntó:” Padre, tenemos el fuego y la leña, más ¿dónde está el cordero para el sacrificio? Y Abraham con una total fe respondió: “Dios proveerá el cordero, hijo mío” Imagina el nudo en el estómago del padre mientras le daba esta respuesta a su hijo. Los dos seguían caminando …el padre con sus más profundos pensamientos en su alma y mente y el hijo con la ilusión de hacer el sacrificio junto a su papá.

 

Quiero leer en la Biblia lo que sucedió después: Estoy en génesis cap. 22.:9  “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el Angel del Señor le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham, Y él respondió; Heme aquí. No lastimes a tu muchacho de ninguna manera. Ahora yo sé que realmente obedeces a Dios, porque estás dispuesto a ofrecerle tu único hijo” Entonces Abraham alzó sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos. Y fue Abraham y tomó al carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.”

 

Puedes imaginar la emoción que estaría pasando por el corazón de Abraham al darse cuenta que él había respondido a la inocente pregunta de su hijo acerca del sacrificio cuando le dijo: “Dios proveerá un cordero” Y estoy segura que Isaac nunca olvidó la fe de su padre y lo que sucedió ese día. Estoy segura que esta experiencia le habrá hecho crecer en respeto y admiración por su padre.

 

Sabes amiga, que nuestro Padre Dios proveyó a Su propio Hijo, Jesús, como “el cordero de Dios”, para ser sacrificado por nosotros, para llevar nuestros pecados y por medio de Jesús acercarnos otra vez a Dios.

1 Comentario

  1. Alejandra Flores dice:

    Dios les bendiga en el proposito que han trazado en compartir la palabra de Dios a traves de este medio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.